Al mismo tiempo que en varios países, entre ellos España, se anuncian rápidos avances en el desarrollo de una vacuna contra el coronavirus, expertos internacionales han puesto sobre el tapete otra peliaguda cuestión. Cuando la vacuna esté finalmente lista, dentro de un año o un año y medio, ¿será el mundo capaz de producir y repartir todas las dosis necesarias?

En un artículo de fondo publicado esta semana por la revista Nature, Roxanne Khamsi subraya la preocupación de muchos investigadores al respecto. Y es que podría “no ser físicamente posible” fabricar suficiente vacuna para todos. A lo que se añade, además, el riesgo de que los países ricos acaparen las dosis disponibles en detrimento de los más pobres.

Por un lado, explica el artículo, sería necesario que los gobiernos y el capital privado reforzaran las instalaciones de producción por adelantado, incluso a riesgo de que esas instalaciones nunca lleguen a utilizarse. Y si bien es cierto que se están aportando grandes cantidades de dinero para acelerar el desarrollo y la producción de las vacunas, “las promesas no alcanzan los miles de millones de dólares que los expertos en salud pública dicen que serían necesarios”.

¿Y el resto de vacunas?

Además, hay que tener en cuenta que los recursos destinados a combatir el coronavirus deberán equilibrarse con los que ya se dedican a otras vacunas. Hoy, por ejemplo, se producen cientos de millones de dosis de vacunas contra la gripe cada año, y esa producción podría incluso ser mayor en caso de una alta demanda.

Sin embargo, según David Heymann, especialista en enfermedades infecciosas que encabeza un panel que asesora a la Organización Mundial de la Salud (OMS) sobre emergencias como la pandemia COVID-19, si miles de millones de personas necesitaran un nuevo tipo de vacuna contra el coronavirus, y las empresas siguieran produciendo las cantidades habituales de vacunas contra la gripe, el sarampión, las paperas, la rubeola y otras enfermedades, podría llegar a haber una grave escasez de producción.

La propia OMS afirma estar trabajando en un plan para garantizar la distribución equitativa de las vacunas, pero los expertos creen que no está nada claro cómo esa garantía se podría hacer cumplir en la práctica.

Basta con fijarse en lo sucedido en muchos lugares del mundo con los suministros sanitarios (respiradores, guantes, mascarillas, equipos de aislamiento individual), que han sido incautados por gobiernos o acaparados por particulares, para hacerse una idea de lo que nos espera con las vacunas, cuando lleguen.

Las restricciones de suministro, tanto físicas como políticas, son una “gran preocupación”, afirma Seth Berkley, que dirige GAVI, la Alianza de Vacunas, una organización público-privada sin ánimo de lucro con sede en Ginebra y que tiene como objetivo aumentar el acceso a las vacunas en todos los países del mundo.

No todas las vacunas contra el coronavirus son iguales

No todos los tipos posibles de vacuna, explica el artículo, necesitan las mismas infraestructuras de producción. Si se tratara de una simple versión debilitada del coronavirus, o de alguna parte de la proteína superficial que utiliza para infectar, o de una secuencia de ARN o ADN inyectada dentro de una nanopartícula o de otro virus, sería necesario cultivar las células en cubas y utilizar máquinas que puedan sisntetizar ARN o ADN.

Sin embargo, si se tratara de formas inactivadas del virus SARS-CoV-2, lo que supondría manipular el virus completo, podrían ser necesarias instalaciones con certificación de nivel 3 de bioseguridad, que son muy costosas y escasas. Y eso podría convertirse en un auténtico “cuello de botella”.

¿Cómo garantizar que los gobiernos y las empresas del mundo inviertan dinero suficiente ahora para que las vacunas puedan fabricarse rápidamente en 2021?

Según la Coalition for Epidemic Preparedness Innovations (CEPI), un fondo con base en Oslo lanzado en 2017 como una alianza global para financiar y coordinar vacunas durante epidemias, se necesitarían por lo menos 2.000 millones de dólares para ayudar a fabricar las vacunas candidatas y fabricarlas para ponerlas a prueba en ensayos clínicos.

Y hasta ahora, los diferentes gobiernos han prometido 690 millones. Harían falta, pues, más de mil millones adicionales para fabricar una vacuna exitosa contra el coronavirus, y muchos miles de millones más para ayudar a las empresas a aumentar su capacidad de fabricación.

El problema de la distribución

“Pero incluso si se fabrican muchas vacunas -prosigue el artículo- parece que no hay forma de obligar a los países a compartirlas. Durante la pandemia de influenza H1N1 en 2009, Australia fue uno de los primeros en fabricar una vacuna, pero no la exportó de inmediato porque primero quería vacunas para sus ciudadanos, dice Amesh Adalja, del Centro Johns Hopkins para la Seguridad de la Salud en Baltimore, Maryland. ‘La mayoría de los países tienen leyes promulgadas que permiten al gobierno obligar a los fabricantes a vender en el país, y no veo que esto cambie'”.

Según la CEPI, no existe aún un acuerdo de principios, ni reglas concretas para un sistema de asignación equitativa incorporado a los contratos que puedan aplicarse de forma consistente. Y tampoco existe una entidad global que sea responsable de ordenar, pagar y coordinar la fabricación y distribución de vacunas a escala global.

Para CEPI, “este es un desafío que los gobiernos, los líderes mundiales en salud y los reguladores deben abordar de manera urgente y colectiva mientras continúa el desarrollo de la vacuna para COVID-19”.

Durante el brote de H5N1, los estados miembros de la OMS adoptaron una resolución que garantizaba el justo reparto en caso de una pandemia de influenza. Pero esa resolución no se aplica en el brote actual de coronavirus y es muy poco probable que un acuerdo similar pueda estar listo para la Asamblea Mundial de la Salud prevista para mayo.

Fuente: José Manuel Nieves / ABC,

Artículo de referencia: https://www.abc.es/ciencia/abci-coronavirus-cuando-llegue-vacuna-posible-no-haya-para-todos-202004152354_noticia.html,



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