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En pleno invierno, la sequía que sufre buena parte de España por las escasas precipitaciones de los últimos meses preocupa a agricultores y ganaderos, que temen el panorama al que tendrán que hacer frente en verano si las lluvias no lo remedian. El informe sobre los impactos del cambio climático que el lunes publicaron los científicos del IPCC, el Grupo Intergubernamental de Expertos de la ONU, añade nuevas razones para la inquietud, pues muestran cómo la frecuencia de las sequías ya ha aumentado y prevén que lo siga haciendo en los próximos años en todos los escenarios de reducción de emisiones.

«Necesitamos un recorte rápido y drástico de las emisiones»señaló Thelma Krug, vicepresidenta del IPCC, en un encuentro con periodistas españoles. Precisamente la región mediterránea es una de las más expuestas a los efectos del cambio climático, según este informe centrado en los impactos, que constituye la segunda de las tres partes que constituyen el Sexto Informe de Evaluación del IPCC, y que no trae buenas noticias para nuestro país.

Cambio climático

Según se refleja en el capítulo 13, España será uno de los países europeos más amenazados por el calor extremo. Si las emisiones siguen siendo elevadas, las olas de calor extremas que ahora son poco frecuentes y se producen un par de veces cada siglo, ocurrirán todos los años. El número de víctimas mortales anuales asociadas a las altas temperaturas a mediados de siglo podría aumentar de las 1.500 actuales hasta los 8.000 en un escenario de emisiones de gases de efecto invernadero muy altas.

«El sur del Mediterráneo es una zona de relativa vulnerabilidad al cambio climático con grandes asimetrías», señala Jofre Carnicer, autor principal del capítulo 13 de este informe. Tal y como explica este investigador del Centro de Investigación Ecológica y Aplicaciones Forestales (CREAF), el impacto del calentamiento global en el Mediterráneo está siendo más rápido que en otras zonas del mundo: «En nuestra región estamos ya en un 1,5 ºC de calentamiento [respecto al que había a principios de la era industrial], cuando la media global del planeta es de 1,1 ºC», apunta.

Como ejemplo de esa mayor vulnerabilidad al cambio climático en la orilla sur del Mediterráneo el investigador menciona «el incremento del nivel del mar en Egipto, un país de 103 millones de habitantes. Sólo en el Delta del Nilo se espera que más de 6, 3 millones de personas puedan verse seriamente afectadas si el nivel del mar sube por encima de los 80 cm, un escenario contemplado con las tendencias de emisiones de gases de efecto invernadero que tenemos hoy día».

Menos lluvias

En todos los escenarios de mitigación de emisiones, incluso si se reducen de forma significativa, dice Carnicer, se producirá un aumento de sequías en el Mediterráneo, así que para evitar el peor impacto subraya la necesidad de «reducir en los próximos 20 años las emisiones de forma contudente».

La estimación del IPCC, añade, es que por cada grado que aumente la temperatura, veremos una reducción en las precipitaciones del 4%, «un riesgo en una zona que ya está expuesta a la sequía de forma natural». Según Carnicer, se prevén unas reducciones de entre un 5% a un 20% según nuestra capacidad de reducir emisiones.

Las sequías le cuestan a España ya pérdidas anuales de en torno a los 1.500 millones de euros. Según el IPCC, las pérdidas de cosechas debidas a la sequía y al calor extremo se han triplicado en toda Europa en los últimos 50 años y se prevé que aumenten con el calentamiento continuado, teniendo la mayor parte de estas pérdidas lugar en el sur de Europa pues las zonas agrícolas más adecuadas se irán desplazando hacia el norte. A la reducción de uso agrícola en España se sumará la amenaza de plagas más frecuentes, por ejemplo, de escarabajos de madera en el norte de España.

Estrés hídrico

El estrés hídrico afectará a un alto porcentaje de la población en España que oscilará entre el 18% y el 54% en función de lo rápido que se reduzcan las emisiones. Si no se recortan drásticamente, España tendrá que hacer frente a otros costes y pérdidas de biodiversidad asociados a los incendios forestales y a la mayor demanda de energía. Así, las necesidades para climatizar edificios podrían duplicarse en 2035 y multiplicarse por casi 3,5 en 2065 si no se reducen las emisiones de carbono.

Las precipitaciones extremas vinculadas al cambio climático y la subida del nivel del mar constituyen otro de los riesgos en el área mediterránea que podrían reducirse con medidas ambiciosas de mitigación.

Mitigar y adaptarse al cambio climático

Para combatir el cambio climático, hay que mitigar emisiones pero también adaptarse. «El elevado riesgo de sequía nos hace replantearnos algunas de las estrategias de mitigación», apunta Marta Rivera-Ferre, coautora del capítulo 8 del informe e investigadora en Ingenio (CSIC-Universidad Politécnica de Valencia). «Hay estrategias de adaptación que pueden ser adecuadas en algunos puntos de España como la irrigación, pero no en otros».

Para combatir el cambio climático, añade, una de esas estrategias es «optar por la diversificación de los cultivos en lugar de los monocultivos»Esta investigadora especializada en seguridad alimentaria recuerda que hay distintos tipos de respuestas. A las tecnológicas se las suele presar mucha atención pero existen también soluciones basadas en mimetizar las respuestas de la naturaleza: «Son estrategias posibles para el ámbito rural y urbano, por ejemplo, los techos verdes, que en Europa están muy poco desarrollados en comparación con otras tecnologías. Son más baratas pero tienen una efectividad bastante elevada», señala.

Por lo que respecta a la biodiversidad, los científicos ya han visto que las especies termófilas están aumentando mientras que las adaptadas a aguas frías están disminuyendo. Si las emisiones globales no se reducen rápidamente, las praderas marinas de posidonia del Mediterráneo se extinguirán en 2050 debido a esas olas de calor marinas más frecuentes e intensas.

El IPCC subraya que los humanos somos muy dependientes de los ecosistemas para nuestra seguridad, así que otra de las estrategias de adaptación es aumentar la protección en las áreas naturales del planeta, pasando del compromiso de 2020 de proteger un 16% del área terrestre al 30% o al 50%.

Fuente: TERESA GUERRERO / EL MUNDO

Artículo de referencia: https://www.elmundo.es/ciencia-y-salud/medio-ambiente/2022/03/01/621ca0fde4d4d8eb228b45c9.html



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