España sufre una de las sequías más duras de las últimas décadas

El agua embalsada -a falta de contabilizar las últimas lluvias- se encuentra 20 puntos por debajo de la media de los últimos 10 años, una situación que se vuelve delicada en las cuencas del Miño-Sil, Segura, Júcar, Guadalquivir y sobre todo en la del Duero, con casi un 30 % menos que hace 10 años.

Aunque en la península ibérica la sequía es un fenómeno habitual por su situación geográfica -el 75 % de su territorio es susceptible de sufrir desertización- hay que remontarse a los primeros años de la década de los 90, en concreto 1991-1995, para encontrar un episodio de escasez de agua tan agudo como éste.

El estado de sequía actual es el resultado de años con poca precipitación -en 2014 y 2016 llovió un 6 % menos que la media-, de una primavera con escasas lluvias, la más seca desde 1965, y de las redes de abastecimiento a la población que pierden casi el 25 % del agua. A esos factores hay que sumar el fuerte incremento del turismo en todo el territorio y de la superficie de regadío que han originado una fuerte presión sobre los recursos hídricos.

Año muy seco en España

El pasado año hidrológico (2016-2017) resultó muy seco en general, especialmente en la España más verde, con Galicia, norte de Castilla y León, gran parte de Asturias y Cantabria y áreas de Extremadura a la cabeza, seguidas de Andalucía y Canarias.

En dichas comunidades las precipitaciones no superaron el 75 % del valor normal, lo que le ha convertido en el octavo año con menos lluvias desde 1981.

En lo que llevamos de año hidrológico, la situación no ha mejorado, sino que incluso ha empeorado: el valor medio nacional de las precipitaciones acumuladas desde el pasado 1 de octubre hasta noviembre es de 63 litros por metro cuadrado, un 58 % menos que el valor normal correspondiente a dicho periodo que es de 150 litros.

Pueblos sumergidos

El testimonio de esta situación de extrema sequía se ve reflejado en la aparición de restos de edificios y monumentos pertenecientes a pueblos sumergidos por las aguas en la década de los 60, como la antigua iglesia de Santa Eugenia de Cenera de Zalima en el embalse de Aguilar de Campoo (Palencia) y el antiguo pueblo de Mansilla en La Rioja.

Uno de los efectos que más alarma causa en periodos de sequía es el desabastecimiento de la población, y aunque desde el Gobierno se asegura que se trabaja en evitar restricciones en agua destinada al consumo humano, si persistiera la situación, en algunas poblaciones podrían darse problemas en el suministro.



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