Un alud de estudios e informes han diseminado un amplio abanico de conceptos que tienen como hilo conductor la idea del cambio climático. Con ellos La Vanguardia ha compuesto un diccionario, que sirve de telón de fondo a la conferencia sobre cambio climático de la ONU, que se inició el pasado domingo en Katowice (Polonia) y que durará hasta el próximo día 14. En esta cumbre –en la que participaran unos 190 países–, los últimos informes de la ONU avivarán la presión para poner fin a los combustibles fósiles.

A: Acuerdo de París

Firmado en la capital francesa (2015), fija como objetivo contener el incremento de la temperatura por debajo de los 2º C respecto a los niveles de la época preindustrial e intensificar los esfuerzos para limitar ese aumento por debajo de 1,5ºC.

El fin último es aminorar los riesgos y los impactos del cambio climático detectados por los científicos (aumento de temperaturas, deshielos, subidas del nivel del mar, sucesos climáticos extremos…).

La meta es alcanzar el pico de emisiones de gases invernadero (culpables del calentamiento) “los antes posible”. Los países, en función de sus capacidades, se comprometen a llevar a cabo “rápidas reducciones” de gases mediante sus contribuciones nacionales. El pacto fue firmado por 195 países, aunque con la llegada de Donald Trump al poder, EE.UU. anunció su retirada.

B: Brecha (entre las emisiones realizadas y los recortes necesarios)

Las emisiones mundiales de gases invernadero volvieron a marcar un récord el año pasado (53,5 gigatoneladas de COequivalente), con lo cual sigue aumentando la brecha entre las promesas de los países y las reducciones que se necesitan para contener el aumento de temperaturas.

El informe presentado la semana pasada por el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (Pnuma) concluye que el ritmo de acción actual “es insuficiente”.

La ambición debería triplicarse para evitar la subida de los 2ºC. La actual tendencia marca una senda que comportaría un aumento superior a los 3º C en las temperaturas para finales de siglo.

Sin embargo, el esfuerzo conjunto de ciudades, gobiernos, inversores, empresas y ONGs tiene un potencial que permitiría reducir unas 19 gigatoneladas de COequivalente para el 2030, suficiente para cerrar la brecha de los 2º C, añade el informe.

C: Contribuciones a nivel nacional (planes de acción)

Los países han asumido el compromiso de comunicar a la ONU sus contribuciones nacionales (o planes de acción climática) que incluyan objetivos y actuaciones para reducir los gases invernadero y medidas de adaptación y defensa frente al calentamiento.

No son metas vinculantes jurídicamente para los gobiernos: pero cada país se autoimpone objetivos (diferentes según sus circunstancias). El riesgo es que en la definición de las reglas (la plantilla sobre cómo se debe rendir cuentas), los países desvirtúen sus obligaciones.

“En París se acordó que los países harán planes de mitigación según sus circunstancias nacionales. Cada uno debe actuar según su mejor esfuerzo”, recuerda Valvanera Ularqui, directora de la Oficina de Cambio Climático. La UE (el 10,2% de las emisiones globales) se comprometió a reducir los gases al menos un 40% para el 2030 respecto a 1990 y China a frenarlas para alcanzar el pico máximo de gases en el 2030 o antes.

D: Descarbonización de la economía (para hacerla limpia)

Es la gran revolución en ciernes. Busca atacar el calentamiento prescindiendo de los combustibles fósiles (carbón, petróleo y gas) y lograr una balance de cero emisiones netas de gases invernadero para la segunda mitad de siglo o antes.

La UE ya ha aprobado una estrategia de descarbonización a largo plazo para lograr un balance de cero emisiones netas en el 2050. Es su pistoletazo para poner fin a la era de los combustibles fósiles.

La estrategia aborda acciones en ocho áreas para recortar los gases entre el 80% y lograr emisiones con balance 0 a mitad de siglo. La apuesta por las energías renovables (80% de la electricidad), la eficiencia energética (el consumo debe reducirse a la mitad) y la electrificación del transporte (que aporta una cuarta parte de las emisiones) son tres pilares fundamentales.

Además, un mayor uso de la biomasa aprovechando el papel de los bosques como sumideros que absorben el CO2, las interconexiones eléctricas, y captura y secuestro del COde las térmicas de carbón completan el enfoque de la UE.

I: IPCC (los científicos de la ONU, cada vez más influyentes)

El Panel Intergubernamental de Expertos de Cambio Climático de la ONU (IPCC, en sus siglas en inglés) ha documentado un cambio climático “inequívoco”, según la última (2013) de las cinco evaluaciones que han recopilado el conocimiento sobre la ciencia del cambio climático.

Además, el informe El calentamiento mundial de 1,5º C, del pasado mes de octubre, alerta de que los impactos futuros pueden ser “duraderos e irreversibles” (con pérdida de algunos ecosistemas incluida), si no se contiene el aumento de temperatura a 1,5º C.

Un ejemplo: si se frenara la subida del nivel del mar en 0,1 m hacia el 2100 (respecto al período 1986-2005), habría 10 millones de personas menos expuestas a inundaciones en las zonas costeras.

F: Fiscalidad ambiental

Las estrategias de descarbonización a largo plazo sirven para emitir señales para orientar los cambios necesarios, de manera que las inversiones, las empresas y el tejido productivo pueden planificar las reformas y garantizar una transición justa sin perjudicar a los trabajadores o a las zonas afectadas.

Uno de esos instrumentos es la fiscalidad ambiental: se trata de no penalizar el trabajo, el ahorro o los beneficios, y, por el contrario, gravar las actividades más perniciosas para la salud o el medio ambiente, como aquellas que contribuyen al calentamiento.

Los impuestos sobre los combustible serían un ejemplo. España sin embargo es uno de los países que han hecho un menor uso de este instrumento para acotar las normas de mercado, que ha ignorado la pérdida de capital natural al actuar sin cortapisas.

N: Neutralidad climática

“Seamos claros: la neutralidad climática no es un nirvana o un universo paralelo; es reducir drásticamente las emisiones, de manera que sólo emitamos lo que la Tierra es capaz de absorber”. Así define el concepto Christiana Figueres, ex directora ejecutiva del Convenio de Cambio Climático de la ONU.

Se trata de lograr un equilibrio entre las emisiones de gases que originan las actividad del hombre y la capacidad de absorción y eliminación mediante sumideros que los sacan de la atmósfera (bosques, océano…).

La estrategia de la UE para lograr esta neutralidad climática pretende reducir un 70% la importación de energía (266.000 millones al año en Europa). Como los gases resultantes de la quema de combustibles contaminan el aire, lograr esa neutralidad climática reduciría un 40% las muertes prematuras en la UE (casi medio millón de casos el año).

T: Transición energética

“Se trata de abandonar los combustibles fósiles y dar entrada a las fuentes renovables, tanto en la producción de energía y en el transporte”, resume Jordi Ortega, experto en energía y autor de un tesis sobre cambio climático por la Universidad Carlos III.

Un modelo de energía descentralizado y el autoconsumo permiten además a los ciudadanos y las industrias ser productores de energía renovable en sus tejados y azoteas.

“Es un cambio que implica a toda industria del automóvil, a la industria química, al textil o la producción cosmética y sin sustancias tóxicas”, añade Ortega. En España, está en marcha un plan para cerrar plantas de carbón obsoletas mientras el Gobierno ha dejado de dar alas al gas.

S: Subsidios perniciosos a los combustibles fósiles

Numerosos expertos piden el fin de las ayudas a los combustibles fósiles. El Gobierno español (en el documento-borrador de la Ley de Cambio Climático) propone prohibir “el establecimiento de nuevos subsidios u otros incentivos económicos que favorezcan el consumo de combustibles fósiles”.

Además, el sector público estatal se desprendará de activos (participaciones o instrumentos financieros) relacionados con los combustibles fósiles. Si todos los subsidios actuales que reciben ahora los combustibles fósiles fueran eliminados, las emisiones mundiales de COse reducirían más un 10% para el año 2030, según el Pnuma.

Numerosas instituciones se han unido al movimiento mundial para desinversión en combustibles fósiles. Diversos estudios apuntan a que entre el 60% y el 80% de las reservas de combustibles fósiles (carbón, petróleo y gas) deberían quedarse bajo tierra, si realmente se asume el objetivo de evitar una subida de temperaturas de dos grados por encima de las de la época preindustrial.

Fuente: LA VANGUARDIA / ANTONIO CERRILLO,

Artículo de referencia: https://www.lavanguardia.com/natural/20181203/453293412433/cumbre-katowice-cambio-climatico-conceptos-informes-onu.html,