Debido a la gran capacidad de retención y captura de este gas, causante principal del efecto invernadero, el carbono azul juega un papel primordial en la regulación de la temperatura del planeta.

Los ecosistemas marinos son grandes almacenes de dióxido de carbono, uno de los gases responsables del cambio climático. Su conservación y gestión puede ser fundamental para combatir el calentamiento global y reducir los niveles de este gas en la atmósfera.

En el suroeste de la península ibérica, a lo largo de kilómetros de costa, se asoma al mar uno de los enclaves naturales más importantes de Europa, el Parque Nacional de Doñana.

Este paraje único, formado en gran parte por cientos de hectáreas de marismas y praderas marinas, no solo sirve de hogar para cientos de especies de animales y plantas, sino que también es un inmenso almacén de dióxido de carbono (CO2).

Carbono azul

Esta función de sumidero de carbono es una de las principales características de Doñana, pero también es propia de otros ecosistemas marinos y oceánicos de todo el planeta: los bosques de manglar, las praderas submarinas o las propias marismas, poseen una de las herramientas naturales que ayudan a combatir el cambio climático: el carbono azul.

“En un sentido amplio, el carbono azul es el carbono que capturan los organismos marinos para formar materia orgánica. Pero normalmente hablamos de carbono azul para referirnos al carbono orgánico que capturan los ecosistemas marinos y preservan a largo plazo, siglos o milenios”, apunta Núria Marbà, investigadora del Global Change Research Group del Institut Mediterrani d’Estudis Avançats (IMEDEA) integrado en el CSIC y la Universidad de las Islas Baleares (UIB).

En concreto, según las estimaciones realizadas por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), en los ecosistemas oceánicos se almacena una cantidad de dióxido de carbono hasta cincuenta veces superior de la que encontramos en la propia atmósfera y hasta veinte veces superior a la capacidad de acumulación que tienen los terrestres.

Más retención de CO2 que los bosques terrestres

La retención y captura de este gas es fundamental para afrontar la lucha contra el cambio climático. “La gestión de estos ecosistemas permite disminuir la concentración atmosférica de gases de efecto invernadero, y por lo tanto mitigar el cambio climático conservando o restaurando estos entornos”, detalla Marbà.

Asimismo, con la adopción de algunas medidas adecuadas de conservación, también se evitaría la erosión costera y se incrementaría la protección que estos hábitats ofrecen a la costa ante fuertes temporales.

Sin embargo, a pesar de su gran potencial, en las últimas décadas, la extensión de los ecosistemas marinos se ha visto reducida de forma notable, principalmente por la acción humana.

Se estima que se ha perdido más del 25% de la extensión global de praderas submarinas, bosques de manglar y marismas por la acumulación de residuos – eutrofización costera-, por la destrucción provocada por la construcción en la costa y por los cambios provocados en hidrografía de estas áreas.

Por todo ello, la conservación, protección y gestión de los ecosistemas marinos responsables del carbono azul puede convertirse en una de las alternativas más efectivas y sostenibles, ofrecidas por la propia naturaleza, para ayudar a mitigar los efectos y las consecuencias del cambio climático.

Fuente: Pablo Ramos Delgado / Planeta Inteligente – EL MUNDO,

Artículo de referencia: http://www.planetainteligente.elmundo.es/eco/carbono-azul-el-arma-secreta-de-los-ecosistemas-marinos-para-combatir-el-cambio-climatico,



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