Límites de la naturaleza

Un rinoceronte negro salvaje vive una media de 35 a 50 años, pero no todos llegan a viejos. Están peligro crítico de extinción. Su prominente cuerno, usado como defensa del agresivo animal, es su perdición, el reclamo para los furtivos. Su población salvaje, en la sabana africana, bajo control, ahora aumenta ligeramente. Su reproducción es lenta. Su genética dicta que una hembra, en condiciones ideales, podría tener una cría cada dos años y medio. Necesitan 15 meses de gestación. Y, de cada parto, saldrá un solo animal. Un proceso reproductivo de los más lentos entre los mamíferos.

El gorila de montaña es otra especie en peligro crítico de extinción. Apenas quedan un millar en estado salvaje por culpa de la caza y la pérdida de su hábitat, en África Central. Más allá del efecto del hombre, su genética no permite una reproducción rápida: una cría cada seis u ocho años, de los más espaciados entre los mamíferos. El condicionante natural no es el tiempo de gestación, de ocho meses y medio, sino el largo periodo de amamantamiento: el destete no termina hasta los tres años, pero la cría sigue junto a la madre unos años más.

Un caso extremo opuesto sería el de los ratones, bendecidos por la naturaleza para su reproducción. Con una gestación de apenas 21 días, 5,4 camadas por año y siete crías en cada camada. O la zarigüeya: 20 días de gestación, dos camadas por año y 15 crías por camada.

El elefante africano, por el contrario, tarda 22 meses en gestar, más que ningún mamífero, incluso que la ballena azul, el de mayor tamaño, con una gestación de año y medio. El elefante africano es también el de mayor intervalo entre crías, muy dependientes durante los primeros años. Entre cría y cría pueden pasar diez años. Su población está en situación vulnerable, diezmada por la caza y con un hábitat cada vez más reducida.

A cambio de la larga espera para ver nuevas crías, un elefante africano vive una media de 70 años, y una ballena azul alcanza los 90. Mientras que los ratones solo viven una media de tres años, y las zarigüeyas, cuatro.



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