Maxime Gilbert

Hace un año, Francisco Sánchez-Bayo, ecólogo de la Universidad de Sídney, profundizaba junto con Kris Wyckhuys, investigador y experto en control de plagas, acerca de la manera tan sorprendente en que numerosas especies de insectos estaban decayendo en diferentes partes del mundo.

Esta charla les llevó a efectuar lo que ahora conocemos como el primer estudio que determinó el estado actual de la entomofauna global y, que ahora, les ha llevado a realizar un trascendental análisis del ‘analfabetismo ecológico’: una fuerte amenaza a la diversidad biológica.

En el artículo publicado a inicios de este año en el Journal de Biological Conservation, revelaron que el 41% de las especies de insectos del mundo están desapareciendo y un tercio se encuentra al borde de la extinción, y explicaron que la disminución de los insectos se debe principalmente a cuatro causas: la pérdida de hábitat y agricultura intensiva; la contaminación debido principalmente a pesticidas sintéticos y fertilizantes; patógenos y especies exóticas; y el cambio climático.

Estas causas provienen principalmente de actividades humanas, las cuales, hasta donde sabemos, han ocasionado impactos sumamente negativos que han alcanzado hasta los rincones más profundos e inaccesibles del planeta.

Insectos

Su completa desaparición en tan corto período de tiempo parece irracional para muchos, ya que los insectos son tan diversos que podemos encontrar cientos o hasta miles de ejemplares, si observamos bien, en solo una visita al bosque.

Sin embargo, Sánchez-Bayo enfatiza que los pesticidas han orillado no solamente a los insectos a su desaparición, sino que, a su vez, han afectado a especies de plantas que son vitales para su sobrevivencia.

“El impacto es tremendo, aunque pase desapercibido a nuestros ojos porque los insectos son muy pequeños y viven escondidos en el suelo y en las aguas de los arroyos”, expresa Sánchez-Bayo.

“Los insecticidas matan insectos de todo tipo, ya sean plagas o beneficiosos; los herbicidas eliminan plantas que ofrecen refugio, comida y lugar de reproducción para muchos insectos beneficiosos; y los fungicidas pueden ser tóxicos para los insectos”.

Por lo tanto, por más fuertes que estos organismos parecen ser, el uso excesivo de pesticidas juega un papel crucial en la reducción de sus poblaciones y en el profundo impacto que estas sustancias tienen en otras formas de vida. La posible solución involucraría reducir el uso de químicos, optar por estrategias naturales y cambiar la forma en que producimos alimento.

Sin embargo, Sánchez-Bayo y Wyckhuys indican en un nuevo estudio que estas soluciones jamás serán viables sin el conocimiento y la comprensión del rol ecológico que juega cada una de las especies de insectos que nos rodean, no solamente de las especies carismáticas o de importancia económica.

Esta comprensión deberá ser adquirida especialmente por aquellos cuyo trabajo involucra compartir su hábitat y su tiempo con estas pequeñas criaturas, como es el caso de los agricultores.

El ‘Analfabetismo Ecológico’

A diferencia del conocimiento científico, el conocimiento tradicional se adquiere por medio de observaciones y experiencias, y se refuerza a través de generaciones. Este conocimiento es invaluable e imborrable y, además, constituye la base de la conciencia ecológica.

Es por esto que miembros de grupos indígenas, por ejemplo, cuyos conocimientos tradicionales de la naturaleza son extensos, suelen dedicar su vida a proteger los hábitats en donde coexisten con miles de especies de flora y fauna, incluyendo a los beneficiosos artrópodos.

“De los 51 taxones de artrópodos que comprenden más de 1 millón de especies descritas científicamente en los ecosistemas, los agricultores reconocen un promedio de [solamente] 157.8 organismos”, señalan los autores en el estudio.

Gran variedad de insectos

Es momento de estudiar y comprender la gran variedad de especies de artrópodos sin importar si poseen una apariencia ‘desagradable’ para algunos o ‘aterradora’ para otros; razones por las cuales la sociedad moderna suele mostrar una aversión hacia ellos. Sin ellos los ecosistemas colapsarían.

¿Qué sería de los murciélagos sin los insectos?, ¿qué comerían los osos hormigueros?, o ¿a quién manipularían los hongos parasitarios para esparcir sus esporas si ya no hay hormigas? Y, por supuesto, ¿cuántos alimentos nos faltarían si no hubiera polinizadores?

“La desaparición de los polinizadores significa que muchas plantas con flores no producirían fruto y se extinguirían al mismo tiempo que ellos”. explica Sánchez-Bayo. “Como el 70% de la fruta y las verduras que comemos necesitan ser polinizadas por estos insectos, nuestra comida se reduciría a cereales y poco más”.

Es decir, el impacto no solo recaería en los mismos insectos, sino llevaría consigo una catástrofe ecológica que nos afectaría directamente o indirectamente a los humanos.

Por esto, el cambio en el manejo de actividades agrícolas hacia un enfoque más sostenible es fundamental. Debido a que el comportamiento de los agricultores proviene de sus creencias y se extiende hasta sus conocimientos y actitudes, este cambio es un reto, pero no es imposible.

La adaptación a los cambios que la era antropogénica y la sexta extinción masiva traerán consigo será imprescindible.

Sin embargo, no todo es atribuido a los agricultores, por supuesto, ya que esta falta de conocimiento ecológico también proviene de la falta de asesoramiento por parte de agrónomos o especialistas cuya labor consiste en sugerir la reducción en el uso de componentes tóxicos en los cultivos.

Sin embargo, el mayor obstáculo es que ellos mismos trabajan para compañías de pesticidas, señala Dave Goulson, ecólogo de la Universidad de Sussex.

Grandes Desafíos: El Futuro de la Agricultura

En la actualidad, se rocían más de 5 billones de libras de pesticidas por año a nivel mundial, y uno de los mayores problemas es la falta de alternativas para sustituir estos productos.

A través de los años, los insectos invasores han conseguido adaptarse a numerosos tipos de pesticidas, dando lugar a los “súper-bichos” y forzando a los grupos de investigación y desarrollo a crear diferentes y más potentes compuestos que han llegado a afectar la salud de miles de especies, incluyendo la de los humanos.

Los desafíos clave, según Goulson, comprenden desde un mayor apoyo en el financiamiento para la agricultura con el fin de integrar más formas de sistemas sostenibles y mayor capital para el asesoramiento a los agricultores nuevos y actuales hasta mayores subsidios a granjas orgánicas y locales, y por supuesto la prohibición de todo tipo de insecticidas químicos.

Los investigadores sugieren que los agricultores “pueden mejorar la eficiencia en el uso de los recursos, retardar la pérdida de la biodiversidad, resolver la contaminación ambiental y [hasta] salvaguardar la salud humana”.

Además, podrían combatir los retos de la presente era antropogénica y transformar el manejo contemporáneo de los sistemas agrícolas hacia un sistema más sostenible e innovador. En pocas palabras, los agricultores podrían ser los héroes de la historia.

Fuente: Yanet Sepúlveda,



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