Fotografía: © Isaac Fernández Galisteo – www.naturalezavision.net

Mañana, sábado 14 de mayo, se celebra el Día Mundial de las Aves Migratorias, cuyo enfoque en 2022 es la «contaminación lumínica».

La Convención sobre la Conservación de las Especies Migratorias (CMS), el Acuerdo sobre la Conservación de las Aves Acuáticas Migratorias Afroeuroasiáticas (AEWA) y el Medio Ambiente para las Américas (EFTA) se han unido para fortalecer el reconocimiento mundial y el aprecio por las aves migratorias.

Este año, la campaña se centrará en la luz artificial, que está aumentando a nivel mundial en al menos un 2% por año y se sabe que afecta negativamente a muchas especies de aves. La contaminación lumínica es una amenaza importante para las aves migratorias, ya que provoca desorientación cuando vuelan de noche, lo que provoca colisiones con edificios, perturba sus relojes internos o interfiere con su capacidad para realizar migraciones de larga distancia.

Cada vez más ciudades del mundo están tomando medidas para atenuar las luces de los edificios durante las fases de migración en primavera y otoño. También se están desarrollando directrices de mejores prácticas en el marco de la Convención sobre Especies Migratorias para abordar este problema cada vez mayor y garantizar que se tomen medidas a nivel mundial para ayudar a las aves a migrar de manera segura.

Día Mundial de las Aves Migratorias

Como fotógrafo de naturaleza, las aves son la clase del reino animal que más me fascina y, especialmente, las aves migratorias. Son especies que sólo se pueden observar durante un periodo de tiempo a lo largo del año. Sus viajes migratorios son verdaderas gestas dentro del reino animal. Recorren grandes extensas distancias en condiciones muy adversas para encontrar alimento o realizar las puestas.

Como ejemplo de aves migratorias, he podido fotografiar los grandes grupos de individuos de ánsares comunes (Anser anser) que invernan en la Reserva Natural de las Lagunas de Villafáfila, llegando desde el norte de Europa, así como el milano real (Milvus milvus) que también llega desde el norte de Europa a la Península para invernar, al contrario que el milano negro (Milvus migrans), que llega en primavera desde tierras africanas.

Otra de las aves migratorias, que más me atraen son los abejarucos europeos (Merops apiaster), que durante la primavera y el verano, colorean el cielo y los campos de la Península ibérica y los frailecillos atlánticos (Fratercula árctica), los cuales pude fotografiar, durante el verano, en la isla de May, en Escocia.

¿Alguna vez os habéis preguntado qué sería del Planeta sin aves?

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Fuente: Isaac Fernández Galisteo – Técnico de Medio Ambiente de Ambientum



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