Ese prototipo, pensado a priori como fuente para sus vecinos, fue evolucionando con los años hasta llegar a lo que es hoy día: la única máquina capaz de crear agua en el desierto.

“Hay otros sistemas que pueden crear agua por condensación, pero en condiciones óptimas de un 60% o de un 80% de humedad relativa. Aquaer lo hace en condiciones extremas, como son 50 grados de temperatura y una humedad relativa por debajo del 15%”, asegura Juan Veiga, director comercial de la firma andaluza.

Unas características que hacen que este sistema sea tan cotizado en zonas en situaciones extremas como puedan ser los campos de refugiados en Siria, los países que han sufrido catástrofes naturales o lugares que necesitan, por sus condiciones climáticas, la creación ‘artificial’ de agua potable como puedan ser algunos estados africanos como Namibia, que ya ha encargado a Aquaer la fabricación de 1.500 unidades de esta máquina.

Y es que, a pesar de que prácticamente el 70% del planeta está cubierto por agua, todavía hay alrededor de 780 millones de personas que sufren a diario la tortura de la sed y la falta de agua potable.

Quizá ese sea el principal motivo por el que Aquaer se ha convertido en un invento indispensable para ciertas zonas. Y es que Namibia no es la única en caer bajo su embrujo, también han puesto los ojos sobre este invento Chile, Argentina, Venezuela, Perú, California, Australia, Líbano, Pakistán, Jordania y China, “y nuestros planes pasan por establecernos en Oriente Medio”, adelanta Juan Veiga.

Aquaer ofrece un sistema sencillo: “El generador de agua potable captura el agua disuelta en la atmósfera y provoca su condensación. Además, gracias a sus filtros se puede potabilizar el agua”, explica Veiga.

El desafío de la desalación

El invento de Veiga demuestra todo el recorrido que tienen los expertos españoles en este sentido. No es para menos, pues nuestro país ha demostrado que sabe sacar pecho cuando la situación lo requiere.

Y es que “España siempre ha tenido una gran necesidad hídrica”, señala Alejandro Beivide, director de Automatización y Control de ACCIONA Agua, quien recuerda que esta escasez propició que nuestro país se pusiera las pilas en investigación y se convirtiera en uno de los más punteros en automatización y potabilización del agua.

No en vano, la primera desaladora de agua marina se instaló en Lanzarote en 1964, “un hecho que generó una demanda interna de desalación y, a su vez, conocimiento y capacidad tecnológica que en las épocas de expansión internacional nos dieron ventaja competitiva”, recuerda Beivide.

Un know how que ha demostrado, 50 años después de esta primera máquina en la isla canaria, ACCIONA en el Golfo de Omán, donde el agua marina es extremadamente salada (aproximadamente 54 gramos de sal por litro) y sus costas sufren periódicamente mareas rojas (concentraciones extraordinarias de algas).

Allí, la energética española ha diseñado y construido una desaladora que produce 136 millones de litros potables al día, suficientes para abastecer a 600.000 personas, aunque en el Emirato sólo vivan 150.000.

Y todo gracias al proceso de ósmosis inversa con configuración de anillo, “que hace que la eficiencia energética sea muy alta. Así, si en una planta normal podemos tener un consumo de 3,8 KW hora por metro cúbico de agua producida o más, aquí lo reducimos a 3,2 KW hora”, asegura Julio Ratia, director del proyecto de las plantas. Un ejemplo, además del de Aquaer, de cómo la tecnología española está creando tendencia en este sector.

Innovación

Innovar en la automatización y control de las aguas, diseñar procesos e infraestructuras, y aplicar un modelo de mantenimiento y actualización constantes son factores que convierten a las empresas españolas en un referente. Y en este capítulo, ACCIONA apuesta por la investigación continua con el fin de “dinamizar todo el desarrollo y evitar los riesgos”, explica Beivide.

La automatización incluye el control analítico de la calidad y la gestión medioambiental de residuos y subproductos generados durante el tratamiento, de ahí que sean necesarios profesionales altamente cualificados.

“Estamos trabajando en inteligencias cognitivas, en optimización on line, en tener asesores virtuales, etcétera”, cuenta Beivide, quien puntualiza, además, que “para que las plantas sean un organismo vivo, la siguiente revolución se basará en el análisis de datos. Vamos a conectar las plantas del mundo y compararlas: cómo mejorar su mantenimiento, cómo aprender de los procesos, etc.”.

Fuente: EL MUNDO / Leticia Rialto,

Artículo de referencia: http://www.planetainteligente.elmundo.es/recursos-hidricos/los-espanoles-capaces-de-crear-agua-en-el-desierto,