Los descartes siguen constituyendo uno de los problemas más vergonzosos en las pesquerías de todo el mundo. La Comisión Europea afronta ahora este problema consciente de que tiene a su alcance las herramientas necesarias para frenar este derroche de recursos vivos en un momento en el que la mayor parte de los caladeros dan síntomas de extenuación o están sobreexplotados.

Oceana presentó la semana pasada un documento de respuesta a la consulta realizada por la Comisión sobre aspectos concretos para la implantación de una política dirigida a reducir las capturas accesorias y eliminar los descartes.

En el documento, la organización internacional de conservación marina solicita que los objetivos de la política se desarrollen, priorizando la preservación del conjunto del ecosistema, para todas las especies presentes en la captura, y no solo a las especies comerciales.

El conjunto de medidas es amplio, y muchas de ellas suponen profundizar en disposiciones a las que la misma Comisión se ha mostrado favorable. Así, por ejemplo, Oceana apoya el establecimiento de límites para las capturas accidentales, pero cree que esos objetivos deberían situarse por debajo del 10 por ciento del total capturado por una embarcación.

Otra de las propuestas de Oceana incluye la creación de zonas de pesca con acceso preferencial para los barcos que usen la mejor tecnología disponible (BAT, en inglés). En muchas ocasiones los stocks son explotados por diferentes artes de pesca, o con artes que han sido modificados, de forma que su repercusión sobre los recursos y el ecosistema son variables. Clasificar los múltiples sistemas y favorecer aquellos que son más selectivos y menos dañinos puede suponer un interesante aliciente para que la pesca responsable se imponga.

Durante años, la falta de interés ha provocado que no se desarrollasen mecanismos, estrategias ni reglamentos para pescar selectivamente aquellas especies que se iban a aprovechar. De esta forma se han consentido –y se sigue haciendo- pesquerías donde se devolvían al mar, muertos o moribundos, hasta 9 de cada 10 kilos capturados.

Según Xavier Pastor, Director de Oceana Europa: "Ya no es cuestión de enfatizar la gravedad de la situación, sino de comenzar a aplicar las disposiciones necesarias para reducir estas magnitudes", y añade "no cabe duda que algunas de ellas precisarán un fuerte compromiso de las autoridades. Esperamos que todo este movimiento no se quede en una mera declaración de intenciones".

Una de las medidas consideradas prioritarias es el establecimiento de una prohibición de descartes. Algunos países europeos, como Islandia y Noruega, ya instauraron prohibiciones de este tipo con excelentes resultados. En el caso noruego, por ejemplo, la adopción de esta disposición acompañada de medidas suplementarias situó los índices de descarte en solo un 3.9 por ciento, mientras que el resto de Europa convivimos con otras pesquerías que presentan porcentajes del 69% (arrastre de vara en el Mar del Norte) o el 90 por ciento (arrastreros franceses en aguas profundas).

Jose Rodríguez, responsable de la campaña de descartes de Oceana en Europa concluye: "Lo paradójico es que somos muchas las voces que coincidimos con gran parte de las medidas que convendría tomar. Lo que necesitamos es que éstas se adopten con firmeza. Dilatar la toma de decisiones o acabar implantando solo las más suaves puede colocarnos en una situación sin retorno".



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