El campo envejece y a los jóvenes no les resulta lo suficientemente atractivo. Es una de las conclusiones del proyecto europeo SURE-Farm, en el que participan, entre otros, investigadores de la Universidad Politécnica de Madrid.

Y es que, una vez que la generación del baby boom se jubile en los próximos 10 o 15 años y pese a los esfuerzos de financiación que se están llevando a cabo desde la Unión Europea, lo cierto es que los espacios rurales afrontarán serias dificultades para dotarse de nuevos habitantes jóvenes que desarrollen allí su actividad.

Pero, ¿puede esta situación revertirse? Y lo más importante, ¿estamos a tiempo de hacerlo? Esto es lo que han analizado los investigadores de SURE-Farm en su último policy brief.

Campo

“El campo ya no resulta atractivo para los jóvenes y cuando empiecen a producirse las jubilaciones en la última generación, el mundo rural tendrá que competir en atractivo con otros  sectores profesionales al tiempo que la digitalización de la economía y de la sociedad en general ofrecerá nuevas y más atractivas posibilidades en otros campos de actuación”, explica el equipo de investigación de la ETSI Agronómica, Alimentaria y de Biosistemas de la UPM y del CEIGRAM UPM.

Ante esta nueva situación, y pese a los esfuerzos económicos de la Comisión Europea, que entre los años 2014 y 2020 ha destinado 6,42 billones de euros a poner en marcha medidas que hagan el campo más atractivo para las nuevas generaciones, todo parece indicar que sin cambios en las políticas agrarias, el campo estará abocado al abandono.

“Desde la Unión Europea se ha hecho un importante esfuerzo presupuestario a través del establecimiento del “Ayuda para jóvenes agricultores” (PYF en sus siglas en inglés) que proporciona financiación a los agricultores menores de 40 años con el fin de incentivar la  incorporación de jóvenes, hombres y mujeres, a la actividad agraria.

Sin embargo, esta ayuda económica no parece ser suficiente e incluso ha habido voces críticas dentro de la Unión Europea que consideran que han de reorientarse, se explica en el informe.

Cambios estructurales en los modelos de explotación

Así las cosas, promover cambios en las políticas europeas tendentes a lograr una mayor resiliencia de la agricultura europea, parece ser la clave para conseguir una reversión de la situación.

Y es que, según los datos que manejan desde SURE-Farm, en los últimos años, el número de explotaciones en territorio europeo se ha reducido en un 25%, y el tamaño de las que siguen activas es inferior a 5 hectáreas, lo que hace que su productividad se reduzca. Al mismo tiempo, las explotaciones que han crecido se han convertido casi en factorías, que requieren de más mano de obra cualificada cada vez más escasa.

“Tal y como se ha puesto de manifiesto, entre otras, con la crisis del COVID-19, las grandes explotaciones se enfrentan a la escasez de personal especializado y quedan en una total situación de dependencia que les lleva a optar por contrataciones temporales basadas en la migración”, explica el equipo SURE-Farm.

“En lugar de lamentarnos por la reducción del tamaño de las explotaciones, lo que debería hacerse desde los poderes públicos es abordar políticas que hagan frente a estas nuevas realidades y las potencien como mecanismo para conseguir explotaciones que, aunque sean más pequeñas, tengan capacidad para adaptarse a los cambios”.

¿La financiación ofrece una solución al problema?

La financiación por sí sola, tampoco parece ofrecer una solución al problema. Según el informe, el instrumento de las “Ayudas a los jóvenes agricultores” no ha sido eficaz a la hora de poner en marcha nuevas explotaciones o modelos de negocios, sino que ha contribuido, a mantener granjas ya existentes, poco productivas o al borde del agotamiento y sin capacidad para abordar los nuevos retos a los que se enfrenta el sector.

Teniendo todo ello en cuenta, los cambios más efectivos deberían venir de la mano de la formación, la modernización de las infraestructuras y las áreas rurales y de la búsqueda de nuevos modelos de negocio.

“No podemos pedir a los jóvenes que quieran trasladarse al campo si hay carencias en infraestructuras tan básicas como el acceso a internet o simplemente a los servicios médicos o a centros escolares, imprescindibles si quieren crear una familia”, explica  el equipo de investigación. “Las políticas deben orientarse hacia una mayor sensiblización sobre las ventajas que puede ofrecer la vida en el campo y a potenciar innovadores modelos de negocio”.

Y es que, para los investigadores, estas modificaciones son claves si se quiere conseguir que el campo y el mundo rural sobrevivan al periodo de transformación que estamos viviendo, algo por otro lado imprescindible para garantizar la producción a nivel mundial.

“Situaciones como las que hemos vivido recientemente con el COVID-19 han vuelto a poner en valor la importancia del campo y de sus sistemas productivos, pero para que el mundo rural sobreviva, los poderes públicos deben estar comprometidos con los cambios. Si no se hacen las modificaciones necesarias, no conseguiremos que el mundo rural resulte atractivo y no se logrará la tan buscada resiliencia de la agricultura europea”, concluye el equipo UPM.

Fuente: UPM,

Artículo de referencia: https://www.upm.es/?id=5ef72f5be3c53710VgnVCM10000009c7648a____&prefmt=articulo&fmt=detail,



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