El proyecto europeo Terrafirma mide los desplazamientos de la tierra que preceden a los colapsos, terremotos, erupciones volcánicas. También es capaz de estudiar las traslaciones de las masas de hielo de los glaciares. La tecnología desarrollada por un grupo de científicos europeos fue presentada en la jornada Terrain motion analysis based on remote sensing tools,  celebrada en la Fundación Gómez Pardo, de Madrid. Trata de servir de ayuda y aportar información adicional que sirva para elaborar los planes de prevención de  peligros geológicos.

La zona de estudio de riesgos utilizada en España en el proyecto ha sido el área metropolitana de Murcia, y se ha extendido hasta el valle de Tena, en Huesca. En el estudio, coordinado por el Instituto Geológico y Minero de España (IGME), el Instituto de Geomática y la empresa Altamira Information participan un total de 29 países, representados por 47 empresas y organismos públicos de investigación.

Murcia y Huesca

El equipo español ha centrado sus labores en el área sísmica de Murcia y Huesca. El nivel del agua en las zonas costeras aporta información muy valiosa a los estudiosos de los riesgos sísmicos. “La deformación del terreno ha aumentado desde que se inició el periodo de sequía en el 2004. No sólo hemos confirmado la relación directa entre el asentamiento del terreno en superficie y la disminución del nivel de las aguas subterráneas en la zona, si no que, también, hemos podido cuantificar esta deformación”, señala Gerardo Herrera, investigador del IGME. 

 
Desplazamientos de las laderas de montaña

Mientras, en el Valle de Tena el estudio de las nuevas imágenes satélite ha permitido a los investigadores observar algunos movimientos de tierra en las laderas, con los que no contaban. Su causa, apunta el estudio, se debe a la construcción de un aparcamiento para vehículos privados en la zona.

”El deslizamiento de Portalet se ha reactivado tras la construcción del aparcamiento en la estación de esquí de Formigal”; señala un portavoz del IGME, que apunta, sin embargo, que los movimientos están siendo controlados y supervisados por los investigadores. “Las infraestructuras creadas por el hombre son susceptibles de sufrir desplazamientos horizontales o verticales, pero con estas técnicas pueden ser controladas de manera eficiente y a unos costes económicos y muy competitivos en comparación con las técnicas clásicas”, concluye Herrera.



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