Los catalanes utilizan 14 millones de bolsas de plástico en un solo fin de semana y tienen un consumo medio semanal de 5,4 bolsas por familia. Estos datos, procedentes del estudio Fundación Catalana para la Prevención de Residuos del 2007, son algunos de los argumentos que se usaron hoy para concienciar de la necesidad de la campaña Catalunya lliure de bosses! , presentada en Barcelona.

La Fundación Catalana para la Prevención de Residuos y el Consumo Responsable y la Federación Ecologistas de Catalunya, junto a otras instituciones, administraciones, gremios y universidades, son los impulsores de esta campaña que pretende paliar el consumo abusivo y a menudo injustificado de bolsas de plástico.

El ahorro de una sola bolsa de plástico por ciudadano catalán supondría dejar de emitir 117 toneladas de dióxido de carbono en la atmosfera. Frente a estas posibilidades, los impulsores de la campaña propusieron como objetivo principal iniciar la aplicación de una normativa específica y la aplicación de una ecotasa -gravamen ecológico- para principios del 2009.

La campaña pretende sensibilizar a la población e incidir en un cambio de los hábitos que se tienen hasta ahora. Catalunya libre de bolsas! anima a administraciones, instituciones, comerciantes, universidades y entidades diversas a aplicar medidas para reducir las bolsas de plástico de un solo uso. En su lugar, propone usar sistemas reutilizables, como bolsas de algodón, cestos, carritos de la compra y similares.

Las entidades impulsoras de esta campaña recordaron, tal y como demuestra el estudio del Centre d Ecologia i Projectes Alternatius (2006), que las bolsas de plástico representan en Catalunya el 2,32 por ciento del peso en basuras de todo un año, cantidad que asciende a 110.000 toneladas anuales. Además, la mayoría de estos productos se vierten o se incineran, ya que su reciclaje es caro y costoso .

Las bolsas de plástico son un producto no degradable derivado del petróleo –recurso no renovable- y que tiene un ciclo de vida de tan sólo 12 minutos. Su fabricación malgasta una gran cantidad de agua y energía, y durante este proceso se emiten gases contaminantes, algo que también sucede durante su incineración.



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