Estamos tan acostumbrados a ellas que ya ni las vemos. En la calle, en los parques, en los bosques y, sobre todo, en la playa. Para las colillas, que inundan el entorno imperceptiblemente, no existía al aire libre ningún territorio prohibido. Hasta ahora. Las iniciativas en las zonas costeras se multiplican para frenar un desastre ecológico silencioso que contamina el mar y a sus habitantes.

Según un análisis llevado a cabo por el Instituto de Ciencia y Tecnología Ambientales de la Universidad Autónoma de Barcelona (ICTA-UAB), las boquillas de cigarro ya suponen el 30,6% de todos los residuos encontrados en las playas españolas.

Si cada una de ellas tarda en descomponerse entre cinco y diez años, durante los cuales desprende componentes nocivos que afectan a la fauna marina y a la calidad del agua, no es necesario hacer muchos cálculos para tipificarla de peligro medioambiental.

Y, sin embargo, ese hábito de tirar el cigarro al suelo una vez se ha consumido es demasiado frecuente. ¿Quién no ha visto alguna vez a un fumador enterrando una colilla en la arena?

Playas sin humo

Cada vez lo veremos menos. Este gesto ya está prohibido en algunas zonas de costa y en otras se están implantando prohibiciones. Pero las medidas van más allá de dónde se tiran las colillas. En España han surgido las primeras playas sin humo, proyectos que pretenden concienciar a la sociedad de la importancia, por un lado, de no fumar, y por otro, de preservar el medio ambiente.

Galicia fue la primera comunidad autónoma en dar un paso al frente en la defensa del ecosistema marino. En el año 2012 se prohibió fumar en veintiséis playas y, poco a poco, la prohibición ha han ido expandiéndose hasta incluir a sesenta y cuatro concellos.

A pesar de las incipientes protestas contra esta medida, lo cierto es que ha ido ganando adeptos entre los gallegos. El 71,6% de los usuarios ve con buenos ojos esta medida, según un estudio de la Consellería de Sanidade, y los números le dan la razón, sus visitantes han aumentado considerablemente.

Más comunidades autónomas

Al éxito gallego le siguió Gran Canaria, Cataluña y Baleares, donde comenzó a legislarse de diferente manera. Mientras que en la isla canaria la prohibición de fumar está sujeta a multas, en las demás no se penaliza económicamente, pero sí socialmente ya que no está bien visto que alguien fume en las playas señalizadas de “libre de humo”.

Ahora, Asturias acaba de imponer esta iniciativa en cuatro de sus arenales en una sociedad dividida por este proyecto, apoyado por el 52% de la población.

Y, en el sur, Murcia y Andalucía, dos de los destinos turísticos preferidos de la península, tienen intención de implantarlo este año a lo largo de sus numerosas costas tras comprobar los buenos resultados en la playa de Motril, en Granada, que ya en 2018 se bautizó como playa sin humo.

El proyecto forma parte de una red dirigida por los ayuntamientos, que no solo velan por el cumplimiento de esta medida, sino que también son los encargados de evaluar y otorgar los galardones a las playas según cuatro niveles establecidos: miembro, bronce, plata y oro.

Campaña #desentierralacolilla

Tras el éxito de su primera edición, la plataforma La Teua Terra lanza de nuevo #desentierralacolilla, un proyecto de sensibilización que denuncia el impacto de tirar el filtro del cigarro en la playa. Para ello, propone subir fotografías a las redes sociales de cada boquilla que encuentren en la arena, antes de recogerla, eso sí.

Algo muy necesario en una ciudadanía aún poco concienciada con el daño ecológico que supone el abandonar el filtro de tabaco en la arena. Un dato muy revelador, solo en la playa alicantina del Arenal de Xàbia se recogieron más de 4.000 colillas, según informa la Fundación Oceanogràfic.

Y es que un pequeño gesto puede convertirse en una gran solución medioambiental. Porque la playa no es un cenicero, no la usemos como tal.

Sustancias tóxicas en miniatura

A pesar de su minúsculo tamaño, los filtros del cigarro suponen un enorme problema medioambiental. No sólo representaron el 13% del total de desperdicios recogidos en todo el mundo en el año 2017, sino que cada una de estas boquillas tiene capacidad para contaminar entre ocho y diez litros de agua del mar.

Las sustancias químicas que contienen -nicotina, plomo, arsénico, cadmio, alquitrán…- son liberadas al entrar en contacto con el mar, poniendo en peligro a las especies y organismos existentes en el fondo marino, como moluscos, peces, reptiles, e incluso aves.

Esto a su vez modifica la cadena alimentaria y produce una drástica alteración del ecosistema acuático. Los biólogos fueron los primeros en denunciar la cantidad de filtros de cigarro encontrados en el estómago de aves marinas, tortugas, peces y delfines.

Fuente: Andrea Velasco / Planeta Inteligente – EL MUNDO,

Artículo de referencia: http://www.planetainteligente.elmundo.es/retos-y-soluciones/soy-una-playa-no-un-cenicero,



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