Gestión sostenible de los suelos

La Alianza Mundial por el Suelo (AMS) ha aprobado un conjunto de directrices voluntarias para la gestión sostenible de los suelos en su conferencia plenaria celebrada esta semana en la sede de la FAO. Se trata de un paso más hacia una acción coordinada para asegurar que la tierra bajo nuestros pies (una piedra angular de la seguridad alimentaria mundial) continúe siendo fértil.

En Malawi, un nuevo y exhaustivo estudio de las tierras cultivables (llevado a cabo por la FAO y el gobierno) detectó pérdidas de la capa arable de unas 29 toneladas al año, provocando una disminución del 10 por ciento en la producción agrícola. A pesar de que hay “zonas críticas” preocupantes en las que aumenta la erosión, también existen "zonas de tendencia positiva", donde el agotamiento del suelo no sólo es mucho menor que en el resto del país (nferior por ejemplo, a 10 toneladas al año en el Valle del Rift) sino que ha disminuido de manera constante como consecuencia de una gestión activa del suelo, según el estudio.

El estudio también demostró que el aumento de las tasas de pérdida de suelo en las dos últimas décadas tuvo lugar con frecuencia en bosques naturales que habían sido convertidos en tierras cultivables. Esto resultó especialmente problemático en zonas de las regiones septentrionales del país africano, cuyos suelos suelen tener elevadas concentraciones de arcilla y, por tanto, son menos adecuados para las actividades agrícolas.

Directrices voluntarias en fase de elaboración

Las Directrices voluntarias para la gestión sostenible de los suelos, que se presentarán al Consejo de la FAO para su aprobación en diciembre, tienen como objetivo servir de referencia de los principios de gestión sostenible de los suelos para un amplio colectivo, desde funcionarios públicos y responsables de las políticas, a agricultores y pastores, así como a profesionales del desarrollo.

Los objetivos son reducir la pérdida no deseada de nutrientes del suelo, así como reducir la escorrentía aguas abajo de los insumos agrícolas. Las directrices destacan también la importancia de incrementar la materia orgánica del suelo, pues no sólo mejora la fertilidad de las tierras de cultivo, sino que también desempeña un papel fundamental en la mitigación y adaptación al cambio climático mediante la fijación del carbono.

Las recomendaciones proponen medidas especiales para proteger a los suelos que aportan servicios ecosistémicos importantes (fijan carbono, albergan diversidad biológica, aumentan el rendimiento de los cultivos) frente al crecimiento urbano. Se recomienda la cobertura de los cultivos durante todo el año, no sólo para evitar que la tierra sea arrastrada por el viento, sino también para ralentizar la evaporación de la humedad, que puede provocar salinización y, en último extremo, hacer inviable cualquier cultivo.



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