La directora general de la Red de Espacios Naturales y Protegidos de la Junta, Rosario Pintos, aseguró hoy que la zona que quedó afectada por la rotura de la balsa de la mina de Boliden Apirsa, en Aznalcóllar (Sevilla), se encuentra en estos momentos en “mejores condiciones” que antes de que ocurriera el desastre medioambiental.

Durante una visita a la zona que quedó afectada por los vertidos hace diez años y que contaminó 63 kilómetros de cauce y 4.634 hectáreas de terreno, alcanzando el entorno del Parque Nacional de Doñana, Pintos recordó que en la recuperación de la zona se han invertido ya alrededor de 170 millones de euros.

“La zona está mejor que antes del vertido, teniendo en cuenta que en el entorno siempre existieron pequeñas cantidades de metales pesados como consecuencia de la cercanía de la mina, además de la escasez de biodiversidad, debido a que muchas hectáreas se encontraba destinadas a agricultura”, aclaró.

En este sentido, explicó que en la zona existen 19 especies de peces, nueve de ellas reproduciéndose; mamíferos como nutrias, “que han colonizado todo el corredor”, jinetas o tejoncillos, además de conejos y liebre que supondrán “el sustento del pasillo verde”, ya esperó que la zona sirva como área de dispersión del lince.

Asimismo, en el Corredor Verde se pueden encontrar hasta 144 especies de aves, como el culebrero europeo o los martines pescadores, dependiendo de la época del año.

Tras los trabajos de restauración de humedales, recuperación de riberas, vías pecuarias o actuaciones de uso público, los últimos estudios señalan la “estabilización” de las condiciones físicas y químicas del río, además de un “descenso considerable”, respecto a análisis anteriores, del contenido de metales pesados y arsénico.

Según indicó, el proceso de recuperación, que continúa abierto, supone el desarrollo de una iniciativa “muy ambiciosa” que ha supuesto la recuperación del suelo, el seguimiento científico y técnico de su situación y la realización de un proyecto de interpretación de la naturaleza.

“La Junta entendió aquella situación como una oportunidad para recuperar toda la zona afectada, mejorando incluso el estado anterior a la rotura de la balsa”, añadió.

Por último, indicó que se está realizando un seguimiento pormenorizado de la zona, donde el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) desarrolla un estudio sobre los pastos, comprobando si son aptos para el ganado, para su posterior introducción en el terreno.

Control del agua

Por su parte, el delegado provincial de Innovación, Ciencia y Empresa en Sevilla, Francisco Álvaro Julio, negó hoy que se vierta agua con altas concentraciones de metales al río Agrio y aseguró que se analiza “de forma rigurosa y continua y cumple con lo requisitos establecidos”.

“Los pozos son controlados diariamente y, a continuación, una vez que se vierte el agua procedente de la depuradora se vuelve a analizar de nuevo”, subrayó.

Álvaro Julio recordó que además de las actuaciones en la zona de afectada por la rotura de la balsa, se aplicó un Plan de abandono y Restauración, realizado de forma subsidiaria por la Junta, y un Plan de Reindustrialización, ambos por valor de 62 millones de euros.

Energía limpia y empleo

De acuerdo al Plan de Abandono y Restauración se selló la balsa de 160 hectáreas con capas de distintos materiales para evitar filtraciones. También, se eliminaron las escombreras y se recuperó paulatinamente el espacio, un espacio donde actualmente se ubican diversas explotaciones fotovoltaicas, pertenecientes a siete empresas diferentes.

Estas instalaciones, con una potencia de 17 megavatios (mW) supone la solución planteada por el Gobierno regional para la reutilización de los terrenos ubicados sobre la balsa de la mina de Aznalcóllar o sobre las escombreras, lugares en los que “sería complicada la instalación de otras empresas”, según aclaró el delegado de Innovación.

De este modo, “no sólo se genera energía limpia, sino que se da empleo a los habitantes del municipio de Aznalcóllar y alrededores que quedaron afectados por el cierre de la mina”, añadió.

Igualmente, el Plan de Reindustrialización ha supuesto la construcción de un Polígono de Actividades Medioambientales (PAMA) en los antiguos terrenos de la mina. Las instalaciones, con una inversión de 20 millones de euros, cuentan con un 96 por ciento de ocupación de sus 80 hectáreas destinadas a diversas actividades.

Entre las 43 empresas instaladas se encuentran Schott, con la única fábrica de tubos receptores solares de España; Inselma; Recilec, Valorizaciones Férricas, Lajo y Rodríguez, Andaluza de Reciclaje de Residuos o Investigación y Desarrollo de Eco-Combustibles.

En esta primera fase del PAMA ya se ha dado empleo estable a más de 500 personas, una cifra que prevén que aumente en alrededor de 300 tras la construcción de la segunda fase de éste, que contará con alrededor de 50 hectárea más.

Desastre ambiental

Durante la madrugada del 25 de abril de 1998, la balsa de residuos de la mina de pirita de la empresa sueco-canadiense Boliden Apirsa S.L. en Aznalcóllar, Sevilla, se rompió, al producirse una fractura a 14 metros de profundidad por la que escaparon seis millones de metros cúbicos de agua y lodos tóxicos de pirita. Una riada, que llegó a alcanzar hasta tres metros de altura en algunos puntos, desbordó los ríos Agrio y Guadiamar, contaminó un total de 63 kilómetros de cauce y 4.634 hectáreas de terreno.

La ola tóxica ascendió entre dos y tres kilómetros cauce arriba antes de comenzar a descender por el río Guadiamar hacia las marismas de Doñana. El vertido tóxico de Boliden fue unas 100 veces mayor que el del Prestige (seis millones de metros cúbicos de aguas ácidas, frente a 63.000 toneladas de fuel) y anegó entre 500 y 1.000 metros de llanura aluvial hasta llegar a las puertas del Parque Nacional de Doñana.

La limpieza y restauración del Guadiamar le costaron a la Junta de Andalucía y al Ministerio de Medio Ambiente 165,3 millones de euros. Además, los investigadores realizaron 15.110 análisis, con 3.128 puntos de muestreo y un total de 868 operarios recogieron siete millones metros cúbicos de lodos y tierras contaminadas.



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