Las bicicletas se convirtieron entre finales del siglo XIX y principios del XX en el medio de transporte favorito de muchísimas personas. Para las mujeres, por ejemplo, fue una llave para la independencia, ya que les permitía moverse sin limitaciones y de una forma mucho más personal que en el pasado.

Para las clases trabajadoras, la bicicleta era, por poner otro ejemplo, la manera de acceder, de un modo no muy caro, a los medios de transporte. Durante el siglo XX, la popularización de los medios a tracción y la caída de los precios de los coches fue desplazando a la bicicleta, que se convirtió en simplemente algo para el ocio. Con el comienzo del siglo XXI, sin embargo, la bicicleta ha vuelto.

La crisis económica tuvo un impacto en la recuperación de la bicicleta. Según un estudio realizado en los años álgidos de la crisis por la Asociación de Marcas del Sector del Ciclismo (AMBE) y Cetelem España, la venta de bicicletas había crecido en un año en el país en un 5,2%, impulsadas tanto por un cambio en cómo se veía al ocio como por una nueva visión de la movilidad.

«Mucha gente se ha pasado al ciclismo como hábito deportivo o de ocio porque, una vez que tienes la bicicleta, no hace falta volver a pagar nada más», explicaba entonces a los medios el director general de AMBE, Carlos Núñez.

Cambio de hábitos

Los ciudadanos estaban reduciendo gastos y comenzando también a cambiar los hábitos en transportes cortos, donde el coche suponía un despilfarro fácilmente sustituible por la bici. Y, además, la bicicleta estaba viviendo un «revival» generalizado en Europa, impulsado también por la búsqueda de un estilo de vida más sano.

En medio de la recuperación de la bicicleta, se imponía también la incorporación al parque de estas de la bicicleta eléctrica. «La bicicleta eléctrica ha aumentado mucho porque es una muy buena alternativa al coche para desplazarse y es mucho más barato», señalaba en la misma presentación de datos Carlos Núñez sobre lo que ocurría durante la crisis.

El crecimiento de la bicicleta eléctrica no se terminó cuando los analistas económicos empezaron a hablar del fin de la crisis. De hecho, las ventas de las e-bikes no han parado de crecer y las previsiones sobre su futuro son muy optimistas.

Un estudio del Institute for Transportation and Development Policy estimaba que el 22% de toda la distancia que se recorrerá en ciudades en 2050 se hará en bicicletas eléctricas y una más reciente estimación de Technavio apunta a que en 2023 las ventas de las e-bikes estarán en los 40 millones de unidades.

China y Europa son ya mercados en los que las bicicletas eléctricas se usan de forma bastante amplia, según los datos de este último estudio, pero en algunos países, como EEUU, están creciendo ya lo suficiente para igualar en ventas a los coches eléctricos.

Los beneficios de la bicicleta eléctrica

Aunque lo que lleve a comprar las bicicletas eléctricas sean las necesidades de los usuarios por tener un estilo de vida más saludable y una forma más fácil de transportarse, como señalan en el análisis de Technavio, el impacto de estos dispositivos va mucho más allá.

No solo está cambiando el modo en el que se mueven sus usuarios, sino también la fisonomía de las ciudades y la estructura de movilidad urbana. Para las ciudades, las bicis son cada vez más importantes, lo que está haciendo que les dediquen más espacio. Además, su uso ayuda a solucionar algunos de los problemas más graves de movilidad que las han lastrado en los últimos años.

Las bicicletas eléctricas tienen bastante autonomía para moverse en la ciudad (entre 30 y 100 kilómetros con la carga llena) y además son mucho más «friendly» para el usuario, que tiene que hacer menos esfuerzos en, por ejemplo, la subida en cuestas. Frente a los medios de transporte tradicionales, son mucho menos contaminantes y mucho más respetuosas con el entorno.

Reducción de emisiones

El estudio del Institute for Transportation and Development Policy también señalaba que en 2050, con ese 22% de desplazamientos urbanos en bicicleta eléctrica, se habrán reducido las emisiones en un 47% y se habrán ahorrado 128 billones (españoles, trillones anglosajones) en gastos frente al transporte actual.

Las ciudades serán también más agradables en términos de contaminación sonora y sufrirán menos problemas de tráfico. Los atascos, cuando la bicicleta aumenta su protagonismo, son mucho menos graves.

A eso se suma que las bicicletas han empezado a ser cada vez más protagonistas en los procesos de entrega en Europa, algo que hace que se reduzca el tráfico asociado a entregas de proximidad en las ciudades.

Existen muchas startups que han partido de esta idea y también muchas compañías tradicionales que lo han adaptado (por ejemplo, Seur ya tiene mensajeros en bicicleta, pero también Redyser, por poner otro ejemplo), lo que les ha permitido ser mucho más ecoeficientes. El futuro, o eso creen los expertos, pasa por un mayor uso de esta idea.

Fuente: Twenergy,



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