En el sureste de la calle Aguirrelanda, entre el parque de Arriaga y la fábrica Michelin, había una parcela en desuso, abandonada y, en ocasiones, sucia. Pero lejos de estar muerta, entre sus aparentes matojos vivía una rica fauna, más propia de espacios naturales que de polígonos industriales. Eso animó a los paisajistas municipales a construir en la zona, a modo de experimento, el primer parque de la biodiversidad de Vitoria.

Este rincón, abierto ya al público, es «una isla ecológica» dentro de la urbe y nace con vocación de convertirse en una especie de «termómetro de la sostenibilidad», explicó la concejal de Vía Pública, la socialista Marian Gutiérrez. En el terreno, de un tamaño similar al de un campo de fútbol, se han recreado hábitats naturales. Si, como es de esperar, cada vez son más las especies de animales y plantas que arraigan en la zona, quedarán demostrados los beneficios que tiene para la ciudad una política de gestión de sus espacios más respetuosa con el medio ambiente.

Así al menos lo considera el arquitecto jefe del servicio de Vía Pública, Eduardo Rojo, responsable del diseño de este nuevo parque urbano. El paisajista ha respetado la vegetación que existía en el terreno, unos árboles de especies variadas y gran porte. Debido al gran flujo de tráfico que soporta la zona, Rojo ha decidido proteger el interior de esta isla verde de ruidos y humos con la construcción de un caballón o pendiente suave. Por el lado de la carretera aísla y en su interior, permite al paseante tumbarse a la bartola.

320.000 euros

Pero quizás el elemento más llamativo de este hermoso rincón sea su pequeño humedal, una larga balsa de escasa profundidad. Está previsto que en la lámina broten pronto lirios, carrizos y otro tipo de vegetación apropiada para que aniden allí las aves. Junto al estanque hay un muro, pensado también para animales alados, insectos y reptiles. Además, todo el parque irá rodeado de matorrales que se plantarán en las próximas semanas.

El parque, como es natural, contiene zonas para el descanso del visitante. Hay una a cada extremo, con sus bancos, papeleras y demás mobiliario. Dos mástiles con diversos proyectores iluminan estas áreas de estancia. La luz del resto del recinto es más tenue para no perjudicar a la fauna. Asimismo, los senderos internos son blandos.

Vía pública ha invertido más de 320.000 euros en esta iniciativa, pensada para los vecinos de la zona y las personas que frecuentan el parque de Arriaga. Si la experiencia tiene éxito, adelanta Marian Gutiérrez «se podrán hacer lo mismo en otras parcelas que se hallen en situación similar».



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