Los indígenas que habitan ciertas poblaciones del la geografía del estado Delta Amacuro están complacidos con muchos elementos modernos y urbanos que facilitan y contribuyen con su “calidad de vida”. Pero desconocen que el uso indebido y la falta de conciencia puede, a largo plazo, hacer que esa “calidad de vida” perjudique considerablemente el entorno en el que habitan.

La modernidad invade los espacios naturales de diferentes tribus indígenas, contribuyendo con la pérdida de sus tradiciones culturales y con la contaminación ambiental. Lavadoras al borde de un palafito expulsando detergente, latas, bolsas y botellas de plástico, son algunos elementos contaminantes que se pueden apreciar en las orillas de algunos caños del Delta del Orinoco; sitio en el que hacen vida los integrantes de la tribu Warao venezolana.

Es por ello que voluntarios de la Fundación La Tortuga, organización comprometida con la preservación del ambiente y la diversidad biológica, continúa su trabajo en las poblaciones de El Moriche y Dawuaja del estado Delta Amacuro, con la finalidad de impartir el pensamiento ecológico a los diferentes integrantes de la etnia Warao.

Durante tres días, Chelo Nogueira, vicepresidenta de la Fundación, junto con otros colaboradores, se dedicaron a explicar los conceptos de reducir, reusar y reciclar los diferentes materiales de desecho como botellas, latas y bolsas plásticas, que pueden encontrar en su vida cotidiana; con la finalidad de crear conciencia en los habitantes de estas tierras ancestrales apostilladas en los caños del Delta del Orinoco.

De igual manera, la comisión voluntaria explicó la importancia y misión que tienen los Waraos de mantener las tradiciones que los hacen únicos de otros indígenas en todo el planeta. Induciéndolos de esta manera a que acepten las maravillas modernas sin olvidar de dónde vienen y la tarea de hacer prevalecer las costumbres de su cultura. También se recogió el pensamiento de los Waraos hacia el planeta, a fin de integrarlo en el programa “Un Pensamiento por el Planeta”.

Es así como una vez más, Fundación La Tortuga aporta un pequeño esfuerzo para contribuir con el bienestar del ambiente y los seres humanos, recordándoles insistentemente que: Somos parte de la naturaleza, no sus dueños.



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