Una chispa es capaz de generar un fuego voraz y arrasar, en cuestión de segundos, una amplia extensión de terreno, y con ella una gran diversidad de flora y fauna. En los últimos años, la Amazonia, especialmente en Brasil, se ha convertido en un tablero de ajedrez con grandes intereses político-económicos para muchas potencias y países emergentes.

La tala indiscriminada de árboles y los incendios continuos, muchos intencionados, se encuentra íntimamente relacionada con el sistema de la industria alimentaria.

Como indica Luis Ferreirim, responsable de Agricultura de la ONG Greenpeace “el pilar fundamental que sostiene este sistema relacionado con la deforestación de la Amazonia, y otros bosques de América del Sur, tiene que ver con la producción de piensos destinados a la ganadería industrial. Esta es la cerilla que prende los bosques de esta región tropical del planeta”.

Para mantener este modelo se requieren grandes extensiones de terreno y esto ha provocado que la mayor parte de la superficie terrestre se encuentre ocupada por cultivos.

Amazonia

Entre estos destacan el de pasto, el de soja transgénica -del cual un 90% de producción se lleva a cabo en países como Brasil, Argentina o Estados Unidos-, destinada a la elaboración de piensos para animales, y por último el maíz, del cual “España es el único país en Europa que produce maíz transgénico destinado a este tipo de ganadería industrial”, puntualiza Luis.

Para comprender en profundidad el fenómeno actual es necesario remontarse al surgimiento de la ganadería y la agricultura industrial en la década de los 60 y el boom de esta industria en los años 90. Fue entonces cuando los países en expansión económica incrementaron su consumo de carne ligado casi siempre a un determinado estatus social.

Hoy, los dos grandes factores que están provocando este aumento del consumo de carne se encuentran relacionados “por un lado, con la mayor demanda de carne barata y procesada y, por otro, por la exportación de la producción hacia esos países emergentes en el desarrollo de sus modelos económicos y del surgimiento de una nueva clase social demandante de productos de origen animal, como la carne o los lácteos”, indica Luis Ferreirim.

Un problema local de dimensión planetaria

Nuestro país también forma parte de este tablero, ya que somos el segundo importador europeo de soja transgénica (un 40% en 2017) y la mayor parte de la carne que consumimos en España es de origen industrial.

En concreto “un 93,7% de la carne de cerdo procede de un sistema industrializado de ganadería, seguido de la carne avícola, que se mueve en el 94,2%. Solo la carne bovina disminuye un poco, pero aun así si sigue siendo elevada”, indica el responsable de Agricultura de Greenpeace.

De hecho, aunque los científicos del Eat Forum recomiendan consumir solo 300gr de carne a la semana, España sigue siendo el segundo país en Europa en consumo de carne per cápita, por detrás de Francia, y somos la cuarta potencia mundial en producción de carne porcina.

Ahora bien, ¿por qué es la Amazonia una región especialmente codiciada? Como explica el experto de Greenpeace, “existen políticas para amortizar la expansión económica de un modelo de ganadería extensiva no solo para la producción de estos cultivos, sino porque están muy motivados por los precios y la presión de las grandes multinacionales de las empresas de agroquímicos, las cuales también salen ganando”.

20% de la superficie de la Amazonia arrasada

La realidad del problema es que se ha arrasado ya un 20% de la superficie de la mayor región tropical del planeta entre la década de los 70 hasta 2016, sin contar con los incendios que han afectado durante este verano de 2019.

La Amazonia es un valor natural dado que “es un sumidero de carbono, -absorbe millones de toneladas de C02- es una importante fuente de emisión de oxígeno, regula los ciclos del agua, del clima –amortiguando los efectos del calentamiento global- y es, además, uno de los mayores repositorios de biodiversidad”, señala el experto de Greenpeace.

De ahí, que la comunidad científica, ONGs y organismos internacionales, como el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC) exijan un cambio en el sistema agroalimentario imperante mundial, pues de no hacerlo las consecuencias serán graves para la pervivencia del planeta.

Ámbito europeo y español

En el ámbito europeo y en España existen dos piezas fundamentales para contrarrestar esta realidad: por un lado, la Política Agraria común, y por otro, la Ley de Energía Climático en España que, pese a su paralización, debería recoger, según los expertos, medidas drásticas, como la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero, en todos los sectores, incluyendo el agrícola.

“Cuantos más animales consumimos, más piensos se producen, y todo ese modelo influye en el cambio climático. De hecho, la Comisión Europea ya nos ha amonestado por superar los umbrales de nitratos y de amoniaco empleados en los cultivos para ganado industrial”, señala Luis.

En segundo lugar, llevar a cabo una transición de la ganadería y agricultura industrial hacia una verdadera agroecología que contemple y fomente una dieta de salud planetaria, es decir, sostenible.

Solo son algunas de las medidas imprescindibles para frenar un proceso que, de no ser así, acabará afectando a la mitigación de los efectos del calentamiento global.

Fuente: Ana Caballero / Planeta Inteligente – EL MUNDO,

Artículo de referencia: http://www.planetainteligente.elmundo.es/retos-y-soluciones/que-relacion-tiene-lo-que-comes-con-que-la-amazonia-arda,



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