Las montañas de Gorringe nacieron con el Atlántico, empezando a formarse al final del Jurásico, con el movimiento de las placas tectónicas de Norteamérica, África y Eurasia. Posteriormente, al quedar situadas sobre la falla Azores-Gibraltar, siempre han sido lugar de una historia convulsa, incluyendo el gran terremoto de 1775, que generó un tsunami que destruyó la ciudad de Lisboa, así como otras localidades portuguesas, españolas y marroquíes.

Desde un punto de vista biológico, las montañas de Gorringe albergan una variada fauna y flora gracias a su amplia distribución batimétrica. Los picos Gettysburg y Ormonde casi llegan a superficie, permitiendo el asentamiento de grandes comunidades de algas, incluyendo los bosques de quelpos. En sus laderas, agregaciones de esponjas, jardines de corales y fondos detríticos dan lugar a ecosistemas de alta complejidad, mientras que en sus aguas se dan citan grandes especies pelágicas, como ballenas, tiburones, peces espada y aves marinas.

En octubre de 2012, la ONG Oceana, quien colabora en los últimos años con la Universidad del Algarve, llevó a cabo su última expedición a Gorringe, en la que encontró especies nunca antes observadas en estas montañas, como tiburones zapata, esponjas nido y diversos corales negros. Pero también halló signos de deterioro en una zona casi prístina, como basuras y restos de aparejos de pesca, en especial en fondos rocosos donde se encuentra el longevo pez reloj, que llega a vivir más de 125 años.

“La nominación de Gorringe como un espacio protegido en el Atlántico aporta esperanza en la recuperación de los océanos”, declara Ricardo Aguilar, Director de Investigación de Oceana en Europa. “Portugal es el país con menos superficie protegida de Europa y tiene que hacer un gran esfuerzo para cumplir con los objetivos europeos y de la ONU para conservar, al menos, el 10% de su superficie marina”.

El Gobierno de este país ha puesto en marcha un gran proyecto enfocado a sus aguas que, además de convertirle en el miembro de la UE con mayor superficie marina, podría ponerle en el punto de mira internacional. Con más de 1,7 millones de kilómetros cuadrados de aguas bajo su Zona Económica Exclusiva, y cerca de 4 millones de km2 reivindicados como expansión de su plataforma continental, Portugal asume una responsabilidad internacional en la conservación de los océanos.



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