En la economía global de hoy África sigue siendo un eslabón débil

África no tiene por qué quedar condenada a estar a la zaga del resto de la economía mundial. Por el contrario, fácilmente podría convertirse en un motor económico global, y esto dentro de la próxima década. Pero debe industrializarse para cumplir su potencial económico.

La importancia de lo anterior se ha recalcado una y otra vez en foros internacionales recientes, como la Sexta Conferencia Internacional de Tokio sobre Desarrollo Africano (TICAD VI), realizada en agosto pasado, y la cumbre del G20 en Hangzhou, China, el mes siguiente. Por primera vez, el G20 incluyó en su agenda la industrialización en África, y la de todos los Países Menos Desarrollados (PMD). La Agenda 2063 de la Unión Africana también apoya este cometido.

Otro paso en esta dirección es la reciente resolución de la Asamblea General de la ONU en que se declaraba el periodo entre 2016 y 2025 el Tercer Decenio del Desarrollo Industrial para África. La Organización de las Naciones Unidas para el Desarrollo Industrial (UNIDO), ha recibido la misión de implementar e impulsar el programa correspondiente, incluida la movilización de los recursos necesarios.

Todas estas declaraciones y compromisos son un importante primer paso, pero significarán poco a menos que se traduzcan en acciones concretas y eficaces para el avance de la industrialización africana, junto con la creación de empleos y la promoción de un crecimiento y desarrollo económico sostenibles. La pregunta es cómo hacerlo.

La respuesta breve es dinero y acción. Debemos pedir a la comunidad internacional y a los socios para el desarrollo que respalden sus palabras con compromisos financieros. Y desarrollar relaciones de colaboración para poner en práctica programas que permitan que África se convierta en el próximo motor del crecimiento económico mundial.



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