El trabajo, que lidera la Universidad de Wageningen (Holanda) y en el que además participan científicos de Institute for Marine Resources and Ecosystem Studies (IMARES), del Royal Netherlands Institute for Sea Research (NIOZ, Holanda), la Sir Alister Hardy Foundation for Ocean Sciences (SAHFOS, Reino Unido) y el International Council for the Exploration of the Sea (ICES), concluye que el calentamiento, más que la alimentación, ha posibilitado a esta especie incrementar su presencia en estas aguas fuera de su centro principal de distribución en el vecino golfo de Vizcaya.

El cambio climático está afectando a la distribución de los organismos. En unos casos las poblaciones de ciertas especies se reducen cada vez más debido al progresivo cambio de las condiciones ambientales mientras que otras especies se benefician de estos cambios ya que encuentran hábitats adecuados en latitudes que hace unas décadas resultaban demasiado inhóspitos para su crecimiento y supervivencia.

Este podría ser el caso de la anchoa en el Mar del Norte, cuya población ha aumentado y su área de distribución se ha expandido en las últimas décadas, principalmente desde mediados de los noventa. Si bien, el cambio climático podría ser la causa de estereciente incremento, esta especie, junto a otras típicas de aguas más meridionales como la sardina, que encuentran su límite de distribución en el Mar del Norte, ya han tenido niveles altos en el pasado. “Esto nos hace preguntarnos qué aspectos de su ciclo de vida han podido cambiar para permitir este incremento en latitudes norteñas, estén éstos relacionados con el cambio climático o no”, explica Marcos Llope, investigador del IEO y coautor del trabajo.Es conocido que la sobrevivencia en los estadios tempranos de la anchoa tiene un efecto en la población de adultos y que esto depende tanto de las condiciones ambientales (principalmente temperatura) como de la disponibilidad de alimento. En este trabajo se estudian los efectos de la temperatura y alimento durante la primera estación de crecimiento mediante modelos y observaciones. En concreto se han utilizado dos tipos de modelos, uno bioenergético y otro estadístico.

En el primer caso, se estimó el crecimiento potencial de la anchoa en función de la temperatura y disponibilidad de alimento durante los seis primeros meses de vida. Esto nos permitió desarrollar un índice de idoneidad de hábitat. Es esperable que aquellos años en que las condiciones son favorables se traduzcan en elevadas capturas de esta especie.

Con el segundo modelo, se utilizaron observaciones de temperatura y alimento para relacionarlas estadísticamente con las capturas registradas y de esta forma inferir cuál de estos factores (temperatura, alimento o ambos) explica mejor las capturas registradas.

Los resultados muestran que las variaciones de año en año en las condiciones ambientales invernales se corresponden con las capturas en el año siguiente. Esto apoya la hipótesis de que una mayor supervivencia de las larvas y juveniles de anchoa, debido a la aparición de inviernos más benignos, se traduce en un incremento en las poblaciones de adultos al año siguiente. Los resultados también apuntan a que es el incremento de temperatura lo que estaría beneficiando a esta especie y no la disponibilidad de alimento que no parece ser un factor limitante en estas aguas.



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