Amigos de la Tierra, Ecologistas en Acción, Greenpeace, SEO/BirdLife y WWF, se han unido contra una posible construcción de este embalse, ya que el impacto que produciría la construcción de la presa de Biscarrués es irreversible y crítico sobre un espacio de la red natura 2000, lo que lo hace del todo inviable desde el punto de vista ambiental.

Esta aseveración no solo ha sido realizada por las organizaciones ecologistas tanto en público como en el periodo de información pública, sino que ha sido corroborado por el CEDEX en un informe contratado por el propio Ministerio de Medio Ambiente.

El informe del CEDEX refleja que: "Analizada la documentación presentada, se considera que el proyecto analizado presenta impactos muy significativos sobre el medio ambiente. Pese a que la valoración de impactos incluida en el Estudio de Impacto Ambienta) (EIA) minimiza gran parte de las afecciones, y considera el impacto global moderado, la entidad de los cambios inducidos en el ecosistema fluvial, su extensión, que alcanza a todo el curso bajo del río Gallego, su irreversibilidad e irrecuperabilidad, y el importante efecto acumulativo y sinérgico, a escala regional y local si se analizan de forma conjunta con la sucesión de embalses que jalonan este río, deberían llevar a valorar el impacto global como crítico".

Además, un informe del Instituto Geológico y Minero de España (IGME) denuncia también la baja calidad del estudio de impacto ambiental que carece de estudios relacionados con la geomorfología e hidrogeología del proyecto. Según el IGME, la presa, de construirse podría presentar grandes problemas de permeabilidad de manera similar al cercano embalse de Montearagón. Éste  tras varias paralizaciones y cambios del proyecto durante su ejecución se disparó el presupuesto y actualmente en fase de llenado, necesita de nuevas correcciones para evitar las filtraciones que impiden dicho objetivo.



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