Dentro del proceso de realización de estos “stress tests”, acordados por la Unión Europea tras el desastre nuclear de Fukushima en Japón, Bruselas pidió a los operadores de las centrales nucleares que entregaran a los organismos reguladores de sus países y que publicaran sus resultados antes del 31 de octubre. Estas pruebas tienen como finalidad comprobar si las centrales nucleares europeas pueden hacer frente a situaciones extremas, como terremotos, inundaciones, pérdida de suministro energético y refrigeración, entre otras.

Las especificaciones para los “stress tests” de ENSREG (European Nuclear Safety Regulators Group), aprobadas por unanimidad por los reguladores nacionales en mayo de 2011, insta a la publicación de todos los informes de los operadores de las centrales nucleares así como los documentos de los organismos reguladores.

Sin embargo, a fecha de hoy, varios reguladores europeos no han comunicado aún los resultados, a pesar de ser un requisito de ENSREG. En España los operadores de las centrales nucleares no han divulgado sus informes y tampoco el CSN ha publicado esos documentos de los titulares, limitándose a editar su propio informe preliminar de valoración. Greenpeace critica esta falta de transparencia, que resta credibilidad a los “stress tests”.

Un primer análisis de Greenpeace, tras examinar las cerca de 10.000 páginas de los diversos informes editados, revela importantes carencias y omisiones. El requisito de  examinar en profundidad un fallo múltiple en los reactores, como el que tuvo lugar en Fukushima, no se ha realizado; no está en la mayoría de los informes publicados.

De igual manera, según lo acordado, el impacto de un accidente aéreo sobre una central nuclear era una de las pruebas que se debía realizar expresamente. Sin embargo, en la inmensa mayoría de los casos se ha ignorado. Como ha sucedido en España, donde ese análisis no se ha realizado o no se ha hecho público.

"Fukushima nos enseñó a pensar lo impensable y las pruebas debían obligar a los propietarios de las centrales nucleares a pensar de ese modo. Sin embargo, existen importantes lagunas: ¿por qué se ignoran los planes de evacuación para los pueblos y ciudades?, ¿por qué no se tiene debidamente en cuenta la antigüedad y el grado de envejecimiento del reactor?, ¿por qué los operadores y las autoridades reguladoras no revisan la hipótesis de un fallo múltiple del reactor o de un accidente aéreo si se comprometieron a hacerlo?”, ha declarado Jan Haverkamp, responsable europeo de Greenpeace en materia de Energía nuclear.

Las pruebas de resistencia en España

En el caso de nuestro país, entre muchas otras cuestiones, destaca la incapacidad y falta de resistencia de las centrales nucleares ante terremotos previsibles e incluso reales como el ocurrido en Lorca del pasado 11 de mayo. En este se alcanzó una aceleración horizontal de 0,36g, el parámetro más adecuado con el que se mide el daño real que puede producir un sismo en una instalación. Tras Fukushima, el regulador exige a las centrales nucleares en los “stress tetst” una capacidad de resistencia ante un terremoto que provocase una aceleración horizontal máxima de 0,3g, claramente inferior al de Lorca. Por lo tanto, ninguna central nuclear española podría resistir una aceleración horizontal como la que se produjo en el temblor de Lorca.

Dentro del parque nuclear español, las centrales de Garoña (margen sísmico de 0,17g), Ascó (m.s. 0,16g), Almaraz (m.s. 0,20g) y Trillo (m.s. 0,24g) son las que se encuentran más alejadas de las nuevas exigencias de resistencia sísmica.

Por parte de la Comisión Europea el siguiente paso es elaborar un informe provisional sobre el avance de los “stress tests” para la reunión de ministros de Energía de la UE de 9 de diciembre de 2011.



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