Según el Instituto para el Desarrollo Social Argentino, el año 2010 las exportaciones de oro y cobre pueden considerarse como el 4º complejo exportador más importante de la Argentina, superando otros rubros tradicionalmente importantes como el complejo bovino.

La actividad contribuye fundamentalmente al desarrollo regional de zonas alejadas. En Argentina, las áreas mineras de mayor importancia se encuentran en zonas fronterizas de escaso nivel de desarrollo.

El precio promedio de los minerales crece a un ritmo acelerado y sin retrocesos. Por ejemplo, el cobre cuyo precio en el año 2000 llegaba a los USD 97 hoy se encuentra por arriba de los USD 204; mientras que el oro que en el 2000 alcanzaba los USD 340.5, hoy asciende a los USD 616.7.

En la actualidad, la actividad minera es una importante generadora de recursos impositivos. Aporta cerca del 20% de la recaudación del Impuesto a las Ganancias de las Sociedades (cuando su contribución directa al PBI es de 3,3%).

IDESA ha concluido que “la minería es una fuente extraordinaria de riqueza y de vital importancia para el desarrollo del país. Sin embargo, también plantea desafíos muy complejos como la contaminación ambiental, el impacto social sobre las costumbres y la cultura de los pueblos locales, el riesgo de concentrar toda la economía local sólo en la extracción del mineral e incentivos a la corrupción”. La experiencia de los países desarrollados en la materia señala que con mecanismos tecnológicos, institucionales y sociales apropiados se pueden mitigar estos riesgos y convertir a la minería en una fuente de progreso económico y social. El estudio presenta en detalle el caso exitoso de la minería en Australia, un país industrial avanzado con una reconocida impronta de respeto al medio ambiente.



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