La crisis sanitaria provocada por la expansión del coronavirus ha decretado el estado de alarma en España, una medida que sugirió el confinamiento de toda la población en sus hogares con el fin de frenar la propagación del virus.

La cuarentena, sin duda alguna, complica la situación económica de un elevado grupo social que ha dejado de percibir ingresos, debido a la prácticas de ERTEs – despidos temporales-, las reducciones de jornada, y con ello de sueldo, o el cese de actividad laboral que han tenido que declarar trabajadores autónomos y pequeñas y medianas empresas.

La decisión ha supuesto que muchas familias hayan dejado de percibir la nómina corriente de cada mes. De la noche a la mañana se ha pasado de todo a nada en los hogares. Quedarse en casa implica un mayor desembolso en consumo energético. Si bien el gasto de ocio disminuye de manera considerable, la factura eléctrica sumará una media de 25 euros durante el tiempo que dure el confinamiento.

En este sentido, la ciudadanía, con el objetivo de ahorrar energía y, al mismo tiempo, reducir el gasto eléctrico para que afecte lo menos posible al bolsillo, ha tenido que cambiar sus hábitos de consumo.

Aunque el Gobierno ha ofrecido ayudas para mitigar los daños provocados a la economía de casa hogar y ha ampliado los bonos sociales a grupos de población que en estos momentos se consideran vulnerables, debido a que han tenido que parar su actividad por completo y, en consecuencia, no perciben ingresos.

Coronavirus

El Ejecutivo establece una serie de normativas que permite la flexibilización de los pagos de recibos de luz y electricidad en cuotas a las que no se les va a añadir ningún tipo de interés adicional; moratorias en los alquileres e hipotecas. Y, para que las empresas no se aprovechen de la situación, ni las tarifas ni los precios de los combustibles, como el butano o el propano, no  se pueden modificar ni aumentar hasta septiembre del 2020.

No obstante, las medidas de las autoridades que contribuyen a reducir el estrés en las familias a la hora de hacerse cargo de los gastos que, en ocasiones, pueden ser inasumibles, no producen un ahorro de energía. Esta acción depende de los usuarios, por lo que es necesario cambiar las rutinas ya pautadas ante una condición extraordinaria.

Recomendaciones para el ahorro de energía

  • En primer lugar, puesto que se reduce el tiempo de ocio y se puede dedicar más tiempo al hogar, una buena manera de empezar a reducir consumo sería la revisión de los sistemas disponibles. Es un momento ideal para analizar las características de la vivienda y adaptar la tarifa contratada hacia la eficiencia energética.
  • Siguiendo esta línea, una bajada de potencia energética implica de manera directa un mayor ahorro en el recibo de la luz. Es posible que ahora se precisan más que nunca los aparatos electrónicos para mantener contacto con el exterior, pero reducir la potencia refuerza la eficiencia porque alarga en el tiempo la recarga de los aparatos.
  • Si no se dispone de la tarifa de discriminación horaria, en tiempos de confinamiento puede resultar muy útil, pues si se establece en horario nocturno se pueden programar los aparatos para que funcionen a cierta hora pagando menos precio por el kilovatio (kW).
  • Aprovechar la luz natural es importante para no depender de la red eléctrica. Con el cambio de hora se dispone de más horas de Sol y de calor, por lo que es importante sacarle partido y solo encender la calefacción en caso de extrema necesidad.ç
  • Por último, los aparatos en stand by o modo espera aumentan en un 2 % las facturas eléctricas, por lo que se recomienda que una vez se carguen o se dejen de usar los dispositivos, se desconecten de la red eléctrica o apaguen para que dejen de consumir energía.

Fuentes



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