La Cátedra de Medio Ambiente de la Fundación General de la UAH y el Centro de Química Aplicada y Biotecnología (CQAB), también de la UAH, han sido los adjudicatarios de uno de los proyectos europeos integrados en el Proyecto Clamber Castilla-La Mancha "Bio Economy Region" de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha.

Dotado con 406.000 euros, permitirá a los investigadores desarrollar las tecnologías necesarias para convertir la biomasa forestal (los materiales vegetales procedentes de operaciones como poda y limpiezas forestales), en bioproductos de última generación: biocombustibles, fenoles de uso industrial, biobetunes (bioasfaltos) o biochar (carbón biológico).

El proyecto culminará con el diseño y puesta en marcha de una planta piloto para transformar una tonelada de biomasa en este tipo de bioproductos de alto valor tecnológico y ambiental. Y se ha adjudicado mediante licitación competitiva con el sistema de "Compra Pública Innovadora", lo que supone que tanto los fondos obtenidos de la explotación de posibles patentes como de los productos corresponderán al 50% a la FGUA y la Junta de Castilla-La Mancha, a través del IVICAM, el Instituto de la Vid y el Vino. 

Las repercusiones de este proyecto son importantes en varios sentidos: al concurso público concurría casi medio centenar de empresas, pero la UAH es la única entidad pública que ha logrado uno de los 19 proyectos adjudicados. El resto serán gestionados por compañías privadas.

Por otra parte, el desarrollo del proyecto, que se prolongará durante todo el año, supone el inicio de una colaboración conjunta de dos entidades de la UAH, la Cátedra de Medio Ambiente y el CQAB, que abren nuevas líneas de investigación. Y dada la creciente importancia del sector de la bioenergía en la economía global, puede repercutir en la consecución de nuevos proyectos en el futuro.

También posiciona a la UAH en un buen punto de partida dentro de una carrera tecnológica que parece acelerar el ritmo con medidas como la solicitud de la Comisión Europea a España para que aplique correctamente la directiva sobre fuentes de J energía renovables, en particular en lo que se refiere a biocarburantes, o la decisión de la Unión Europea de poner techo al porcentaje de biocarburantes utilizados para el transporte procedentes de productos agrícolas, como el maíz o la soja, lo que redundará en una potenciación mayor del uso de biomasa. 

El coordinador del proyecto y director técnico de la Cátedra de Medio Ambiente de la FGUA, Juan Luis Aguirre, ha destacado el potencial de iniciativas de este tipo, que se enmarcan dentro de la economía hipocarbónica, uno de los nichos de actividad de la economía europea para los próximos años. "Convertir los residuos biológicos en materias de gran valor económico puede tener una gran repercusión económica, ambiental y social y es importante estar bien posicionado en ese campo. Los restos de podas de olivos, de vides, restos de limpieza forestal, tanto de frondosas como de coníferas, se transformarán en bioproductos, que pueden ser desde biodiesel, para el transporte, hasta otros compuestos de interés, como fenoles, que tienen un uso muy extendido en el ámbito industrial para fabricar plásticos o bioasfalto, y biochar, un fertilizante agrícola muy potente. Es importante para las universidades estar en este campo, servirá para conseguir sinergias con otros proyectos y colaborar con más grupos de investigación", señala.

Por otra parte, Juan José Vaquero, profesor de la UAH y director del Centro de Química Aplicada y Biotecnología, ha indicado que las técnicas que utilizará el CQAB para transformar la biomasa en bioproductos están basadas en la pirolisis por microondas, una tecnología que básicamente "consiste en irradiar la biomasa con microondas para conseguir en tiempos muy cortos temperaturas muy elevadas con la finalidad de romper los enlaces de la lignina de la biomasa y transformarla en compuestos gaseosos, líquidos y sólidos, que pueden tener otros usos, como productos industriales, agrícolas y para el transporte".

El proyecto, que culminará con un plan de negocio industrial y análisis del ciclo de vida, ya está en marcha y las perspectivas son muy halagüeñas teniendo en cuenta que solo en Castilla-La Mancha se calcula que se generan 3,5 millones de toneladas de residuos ligno-celulósicos al año. Así que, como indica el profesor Aguirre,"puede convertirse en un foco de inversión y un nicho de empleo muy importante para toda la región".



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