El secreto mejor guardado del dodo

Su morfología un tanto extraña, con un pico puntiagudo y la cabeza redondeada, ha llevado a esta ave no voladora del orden de los Columbiformes a encarnar distintos papeles en películas como Alicia en el País de las Maravillas o Ice Age. Sin embargo, algunos detalles del ciclo vital de este familiar lejano de las palomas no se han conocido hasta ahora.

Gracias al estudio de 22 muestras de huesos conservadas en museos y otras colecciones, un grupo de científicos de la Universidad del Cabo, en Sudáfrica, han podido reconstruir parte del ciclo de vida de estas aves, que medían alrededor de un metro de alto y pesaban unos 23 kilos.

El trabajo, publicado en la revista Scientific Reports, revela que los dodos recién nacidos en este enclave tropical, ubicado a unos 900 quilómetros al este de Madagascar, tuvieron que adaptar sus patrones de crecimiento al clima de la isla, donde entre noviembre y marzo tiene lugar el verano austral, en el que los ciclones arrasan la isla llevándose a su paso gran parte del alimento de las aves y de los reptiles.

Así, la investigadora principal del proyecto, Delphine Angst, detalla que “en agosto las hembras empezaban a ovular y a poner huevos, que nacían en septiembre permitiendo que las crías crecieran lo suficientemente rápido para sobrevivir al verano”.

Además, los científicos han podido identificar un ciclo de muda en el plumaje de esta especie, lo que explicaría las múltiples versiones de descripciones físicas que los marineros dieron sobre el dodo, que avistaron en ocasiones negro (lo que correspondería con el inicio de época de muda) y en otras grisáceo (propio de un ejemplar que ha completado el ciclo de muda).

Una investigación que arroja un halo de luz en la vida de estas aves que desaparecieron hace 350 años, sólo un siglo después de que los europeos colonizaran la isla. Un hecho por el que se cree que fue la presencia humana, junto con la de ratones, cerdos y monos que viajaban en las mismas embarcaciones, lo que llevó a la extinción del dodo, que hasta entonces gozaba de un hábitat sin depredadores, motivo por el que no le hizo falta desarrollar la musculatura necesaria para volar.