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La huella de carbono es un indicador ambiental que mide la cantidad de gases de efecto invernadero (GEI) emitidos por efecto directo o indirecto a la atmósfera como consecuencia de las actividades humanas.

Entre dichos gases, debemos vigilar los clorofluorocarburos (CFC), el dióxido de carbono (CO2), el metano (CH4) y el ozono (O3). Medir la huella de carbono es muy importante, ya que nos permite buscar soluciones para no emitir más dióxido de carbono (CO2) del que pueden absorber las plantas.

Desde la Revolución Industrial, que comenzó en la segunda mitad del siglo XVIII, los niveles de gases de efecto invernadero (GEI) son cada vez más elevados. Las emisiones de dióxido de carbono (CO2), generadas por la explotación de combustibles fósiles como el carbón, el gas y el petróleo para satisfacer las necesidades de consumo, energía, industria y transporte.

Reducir la huella de carbono emitida por las actividades humanas conlleva un cambio de hábitos en nuestras actividades cotidianas hacia comportamientos más sostenibles. Mitigar el cambio climático es uno de los objetivos fundamentales que se plantean a la hora de disminuir la huella de carbono provocada por las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI).

¿Cuál es su origen?

El término «huella de carbono» surge a comienzos de la década del año 2000, mediante una campaña publicitaria realizada por la petrolera British Petroleum. En la publicidad realizada por esta petrolera británica, la especialista encargada del manejo de hidrocarburos apoyaba la idea de que el cambio climático radicaba más en los individuos que en la propia industria.

A raíz de esto, la petrolera British Petroleum creó la calculadora de huella de carbono en el año 2004. El objetivo principal era comprobar cómo las actividades cotidianas de los seres humanos, ya sea mediante la compra de alimentos o los viajes que se realizan con los diferentes medios de transporte, entre otros, influían en el calentamiento global de la Tierra.

Benjamin Franta, investigador de la Universidad de Stanford, detalló en un artículo la peligrosidad de que los combustibles fósiles sean la base del sistema energético:

Mientras los combustibles fósiles sean la base del sistema energético, no se tendrá una huella de carbono sostenible.Benjamin Franta

Geoffrey Supran, catedrático de la Universidad de Harvard, criticó a la petrolera British Petroleum debido a su comprobado historial de comunicación estratégica para confundir a la población:

Aunque superficialmente inocuo, la huella de carbono tiene como objetivo manipular el pensamiento sobre una de las mayores amenazas de nuestro tiempo.Geoffrey Supran

¿Cómo se calcula la huella de carbono?

Calcular nuestra huella de carbono es primordial para saber la cantidad de gases de efecto invernadero (GEI) que las empresas o individuos emiten directa o indirectamente a la atmósfera. Calcular nuestra huella de carbono se basa en estándares internacionales como el GHG Protocol.

La fórmula para calcular la huella de carbono de un individuo o empresa se obtiene multiplicando el dato de consumo de dicho individuo o empresa por su factor de emisión en función del tipo de combustible empleado para una determinada práctica.

La fórmula que resume el cálculo es: Huella de carbono = Dato Actividad x Factor Emisión

Podemos clasificar las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) en tres alcances diferentes:

  1. Emisiones directas: Se refiere a las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) que liberan la empresa o individuo en el sitio donde se produce una práctica concreta. Dichas emisiones se provocan mediante la quema del combustible de vehículos o el consumo de combustibles de edificios (calderas de gas natural, gasoil…).
  2. Emisiones indirectas debidas al consumo de electricidad: Son las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) relacionadas con el consumo de energía eléctrica por parte de las empresas.
  3. Emisiones indirectas: Son las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) que hacen referencia a la compra de productos por parte de los individuos, los servicios subcontratados (gestión de residuos, limpieza, seguridad…) y los viajes de trabajo con medios de transporte externos.

Según informa Global Carbon Atlas, los países que más dióxido de carbono (CO2) emitieron a la atmósfera durante los últimos veinte años fueron China, Estados Unidos, India, Japón y Rusia.

FUENTE: FREEPIK

¿Qué tipos de huella de carbono existen?

Dependiendo del tipo de actividad que queramos calcular con este indicador ambiental, se diferencian tres tipos de huella de carbono, teniendo como referencia las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) que se producen en el periodo de un año:

Huella de carbono personal
Se centra en los hábitos de consumo de cada persona, tomando como referencia las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) relacionadas con los hábitos alimenticios y de consumo de bienes, los medios de transporte y el uso de energía en el hogar para calefacción.
Huella de carbono de producto
Cuantifica los gases de efecto invernadero (GEI) que se generan en la fabricación y el desarrollo de un producto, utilizando la técnica del análisis del ciclo de vida de dicho producto.
Huella de carbono corporativa
Cuantifica los gases de efecto invernadero (GEI) que produce una empresa u organización para realizar sus productos o desarrollar sus servicios, incluyendo todos los sectores de la empresa u organización, desde los sectores productivos hasta los sectores comerciales.

Consejos para reducir nuestra huella de carbono

Es fundamental cambiar nuestros hábitos de consumo para conseguir que el planeta sea más sostenible. La batalla contra el cambio climático para limitar la temperatura global del planeta a 1´5 ºC dependerá, sin ningún tipo de duda, de la capacidad que tengamos los seres humanos para reducir nuestra huella de carbono.

Desde Ambientum, os ofrecemos varios consejos para reducir nuestra huella de carbono:

  • Ahorrar agua y consumir menos energía.
  • Evitar el uso de envases y bolsas de plástico.
  • Apostar por un consumo responsable de los productos.
  • Utilizar electrodomésticos que sean de alta eficiencia energética.
  • Concienciarnos sobre la importancia de reducir la huella de carbono.
  • Utilizar herramientas informáticas para monitorizar nuestro consumo.
  • Sustituir lámparas incandescentes por fluorescentes de bajo consumo.
  • Reciclar plástico, vidrio o metales para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI).
  • La movilidad sostenible (el transporte público o los vehículos más respetuosos con el medio ambiente) es fundamental para conseguir este objetivo.
  • Introducir buenas prácticas entre los empleados, sustituyendo reuniones presenciales por videoconferencias, incorporar la vestimenta adecuada a la temperatura, etc.

Vídeo elaborado por cortesía de Baleària.

Fuente: Redacción Ambientum



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