En un contexto de cambio climático, cualquier estrategia de captura y almacenamiento de gases contaminantes se configura como primordial en el ámbito de la sostenibilidad ambiental, y en este sentido los cultivos de cítricos pueden desempeñar un papel muy relevante. Esta inquietud ha impulsado el fomento de estudios para conocer con mayor profundidad la dinámica de los gases de efecto invernadero y, sobre todo, el papel de los cultivos de hoja perenne.

Uno de estos estudios es el desarrollado por un equipo del IVIA (Instituto Valenciano de Investigaciones Agrarias), dirigido por Eduardo Primo, "La huella del carbono en plantaciones de cítricos". Según el citado informe, "los cítricos en nuestras latitudes presentan una capacidad de asimilación de CO2 y un metabolismo muy estables y adaptados a condiciones cambiantes, lo que los convierte en un cultivo muy interesante y prometedor desde la perspectiva de la mitigación del cambio climático".

Otra de las particularidades de este cultivo -en relación con la conservación del medioambiente- es que tiene una gran capacidad de almacenamiento de carbono en sus variados tejidos que, además, es modulable en función de los agentes externos mediante cambios de su actividad fotosintética. A ello se suma una elevada eficiencia productiva, que indica – al menos en principio- un potencial de gran magnitud.

La agricultura -como destaca el estudio- es capaz de fijar grandes cantidades de CO2 de la atmósfera, pero dentro del conjunto de cultivos, los árboles, sobre todo los de hoja perenne, son los que tienen mayor capacidad para capturar estos gases de efecto invernadero. "El potencial de remoción de CO2 de los campos de naranjos -de la biomasa de sus troncos, de las malas hierbas que se producen a su alrededor, de la materia orgánica de las hojas y frutos que se descomponen en el suelo- es enorme, muy superior por hectárea al de cualquier bosque o producción de secano y convendría poner en valor esta riqueza natural porque es fundamental para la preservación del medio ambiente", según Primo.



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