La llegada de la pandemia nos ha hecho plantearnos y reflexionar sobre muchos aspectos de nuestra vida, incluido nuestro entorno inmediato, el barrio donde vivimos, nuestras ciudades.

Estas «son adaptaciones a las realidades del pasado, también a los traumas como las guerras o las pandemias. No hay más que ver las murallas. Uno de los casos más conocidos de adaptación normativa ocurrió justo después de la crisis del cólera de Londres en 1864. Medidas como la ventilación mínima en el interior de los edificios o el soleamiento tienen que ver con la mejora de las condiciones de salubridad. Incluso la distribución y canalización de las aguas. Al principio del cólera se pensaba que este se contagiaban por el aire y las aguas negras se lanzaban sin tratar al Támesis. El alcantarillado ya se conocía desde los tiempos del Imperio Romano pero hasta el siglo XIX no se volvió obligatorio».

Quien habla es Carlos Lahoz, profesor de Urbanismo de la Universidad CEU San Pablo de Madrid. Recientemente tres profesores del área de este Universidad han reflexionado acerca de las medidas o propuestas que podrían implementarse en las urbes para favorecer el distanciamiento social, la digitalización de la administración o evitar, más a largo plazo que la ciudad sea un caldo de cultivo o vehículo de propagación. Todo sin olvidar la sostenibilidad, imprescindible ante el cambio climático, un problema que trasciende el coronavirus.

Zonas verdes en las ciudades

También a finales del siglo XIX creció el interés por incluir zonas verdes en las urbes (tan necesarias incluso ahora en tiempos del Covid), siempre con la finalidad de mejorar las condiciones de higiene y aireamiento. No hay que olvidar el contexto de la Revolución Industrial y las imágenes de Dickens sobre las ciudades.

Entonces las grandes fábricas se instalaban en el centro, y con ellas se expandían los olores y los gases contaminantes, las aguas no se trataban y los excrementos de caballos campaban por las calles… Luego llegó la Segunda Guecambiará rra Mundial y tras ella se impondría otra forma de entender la ciudad con edificios en altura. Y desde entonces y poco a poco se instaló una configuración que dio protagonismo a los coches concentró servicios por zonas.

«Durante el confinamiento hemos notado ciertas carencias de servicios en algunos barrios, de espacio suficiente en las aceras para respetar la distancia social, de frecuencia en el transporte público… Mucho se ha hablado estos meses de cómo la ciudad y de lo válido y necesario que se ha vuelto el concepto de la ciudad de 15 minutos que ha promulgado en su mandato Anne Hidalgo, la alcaldesa de París. El modelo de vida cercana cobra todo el sentido y, no tanto por el COVID-19, como por el teletrabajo», continúa Lahoz.

Modelos de las ciudades

Se trata de que los ciudadanos tenga todos los servicios necesarios en una distancia que puedan alcanzar a pie o en bici en un máximo de un cuarto de hora. Eso significa más dotaciones en la periferia y no tanta centralidad, además de crear más comunidad en cada barrio. Por otro lado, el modelo promulga convertir ciertos espacios como las escuelas en lugares de usos múltiples, por ejemplo, con huertos urbanos en las azoteas.

Otro de los modelos de ciudad del que se baraja estos días es el basado en supermanzanas. De él se habló en una reciente conferencia organizada por la Casa Encendida, donde se resaltó entre otros este dato: «el coche ocupa ahora misma el 65% del espacio urbano».

«Se parece al modelo parisino, aunque la escala es menor, se trata de dividir la ciudad en espacios de una rejilla de entre una y tres manzanas cada una. Es decir, unos 400 x 400 metros», detalla Lahoz. Una forma de entender el entramado urbano que ya se está empezando a aplicar en Barcelona.

Movilidad

Sin duda, uno de los primeros retos para las ciudades es el de la movilidad. «Las ciudades a día de hoy representan más o menos el 75% de las emisiones de gases de efecto invernadero. Estas se deben principalmente al transporte y la energía», explica Celia Ojeda, portavoz de Greenpeace.

La organización lleva mucho tiempo trabajando el tema de urbes y cambio climático y al surgir la pandemia aprovecharon para publicar el informe «Las ciudades en un mundo post Covid». En él se defiende un mayor uso del trasporte público con más frecuencia y electrificado, para mover a más gente, respetando el distanciamiento social y sin provocar nuevas emisiones.

Numerosos estudios apuntan a que los contaminantes atmosféricos ayudan a transportar de forma óptima los virus. «Los pacientes en regiones con niveles moderados de contaminación del aire tenían un 84% más de probabilidades de morir que aquellos en regiones con baja contaminación del aire» decía el texto.

«A medio corto, medio y largo plazo y a corto plazo se necesitan medidas diferentes. Lo primero que hay que hacer es garantizar la distancia social. Muchas ciudades han tomado la decisión de incentivar el uso de bicicleta. Una solución que no necesita inversión y que, además se puede revertir», explica Lahoz.

En la lista figuran municipios como Milán, Londres, Bogotá, Nueva York o París, «donde en 24 horas se crearon carriles bici simplemente pintado el suelo y poniendo conos. Ya se harán fijos, pero esto demuestra que implementar una medida así es fácil. Sólo hace falta voluntad política. Además, se pueden cortar calles que ya transiten poco los coches. De esa forma se ganaría espacio público para niños y peatones. Lo que hemos pedido durante la cuarentena es que no se cortaran calles solo durante los fines de semana», opina Ojeda.

Apartamentos turísticos del centro

A largo plazo, el estudio realizado por los investigadores del CEU pone el foco en los apartamentos turísticos del centro, espacios que probablemente se liberen y vuelvan al alquiler tradicional.

«Algunas superficies comerciales dedicadas al retail van a sufrir, mientras que será un buen momento para el comercio de cercanía. Incluso, habrá que estar atentos a lo que suceda con las oficinas, que se liberarán y encontrarán otros usos. Va a haber cambios normativos como consecuencia de la digitalización y habrá que ver qué ocurre en ciudades grandes como Madrid en rebajas o Navidad para garantizar la distancia social».

Hay otra parte que no se puede olvidar. «Hay estudios que apuntan que se están subestimando la emisión de gases de efecto invernadero en las ciudades y que teniendo en cuenta todo lo que se produce, consume y transporta para cubrir su demanda, dichas emisiones serían hasta un 60% más. Por eso se hace tan importante cambiar el consumo, reducirlo y apostar por lo local. También se ha de fomentar negocios de reparación y de segunda mano y sería interesante volver a la agricultura urbana para hacer las urbes más autosuficientes. A nivel energético se necesita aumentar la eficiencia de los edificios y fomentar el autoconsumo», concluyen desde Greenpeace.

Fuente: Eva Martínez Rull / LA RAZÓN,

Artículo de referencia: https://www.larazon.es/medio-ambiente/20200626/rwz3eau3m5aujdua3qdnj2owqy.html,



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