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La Vía Láctea, la galaxia en que vivimos, parece hoy un lugar tranquilo, pero no hay que dejarse engañar. Esa calma aparente oculta en realidad un turbulento pasado.

Utilizando datos del telescopio espacial europeo Gaia, en efecto, un equipo internacional de astrónomos ha podido identificar, por ahora, los restos de media docena de galaxias, todas ellas devoradas por la nuestra a lo largo de sus 13.000 millones de años de historia. Cinco de las ‘víctimas’ ya eran conocidas, pero de la nueva no había noticia alguna hasta ahora.

Como si de las sobras de un opulento banquete se tratara, los restos de los pasados festines de la Vía Láctea se encuentran esparcidos por todas partes en el halo galáctico, un enorme volumen esférico en cuyo centro se encuentra el característico disco en espiral de la galaxia.

Bajo la dirección de Khyati Malhan, del Instituto Max Planck de Astronomía, en Alemania, los investigadores han elaborado un mapa en el que se aprecian las ‘migajas’ de aquellos antiguos banquetes. «El atlas dinámico de las fusiones de la Vía Láctea que presentamos aquí -escriben los investigadores en su artículo- proporciona una visión global de la formación de galaxias en acción». El trabajo se ha publicado en The Astrophysical Journal.

Vía Láctea

Cuando una galaxia más pequeña se acerca demasiado a otra más grande, en este caso a la Vía Láctea, su gravedad atrae al visitante y lo «estira» hasta convertirlo en una alargada cadena de estrellas, una ‘corriente estelar’ que termina precipitándose en la galaxia mayor, dejando restos orbitando en su halo.

La «comida» deja otras migajas, incluidas galaxias satélite más pequeñas que podrían haber orbitado la víctima, o cúmulos globulares, compactas esferas hechas de miles de estrellas estrechamente unidas por su gravedad mutua. Los astrónomos ya identificaron hace años una serie de corrientes estelares de fusiones pasadas, y también utilizaron cúmulos globulares para construir una línea de tiempo de los ‘banquetes’ pasados de la Vía Láctea. Aunque hacerlo no es una tarea rápida ni sencilla, y a menudo requiere de un auténtico trabajo detectivesco.

En el nuevo estudio, los investigadores tomaron los datos más recientes del satélite Gaia, que registra con precisión la ubicación de mil millones de estrellas y sus trayectorias, y analizaron después el movimiento de 170 cúmulos globulares (marcados con símbolos de estrellas en la imagen), 41 flujos estelares y 46 galaxias satélite (que aparecen como cubos). Malhan y su equipo consiguieron vincular 62 de esos objetos a una de los cinco eventos de fusión ya conocidos (que se muestran en diferentes colores), e identificaron uno nuevo, el sexto, previamente desconocido.

La nueva ‘víctima’ de la voracidad de nuestra galaxia ha sido bautizada como Pontus (en magenta en la imagen), y se une así a las anteriores fusiones con Gaia-Encelado, Cetus, LMS-1/Wukong, (descubierta en 2020), Sequoia, que se fusionó con la Vía Láctea hace unos 9.000 millones de años, y la galaxia enana de Sagitario, que ha atravesado repetidamente la Vía Láctea durante los últimos miles de millones de años.

Galaxia Kraken

Curiosamente, el sistema pasó por alto otros dos eventos de fusión conocidos, entre ellos el que tuvo lugar hace ya 11.000 millones de años con la galaxia Kraken y que se considera el más significativo de todos los que se conocen. Los investigadores creen que esos datos podrían estar ocultos en algunos de los 195 objetos que aún quedan por analizar.

En cuanto a la recién descubierta Pontus, lo cierto es que no se sabe aún mucho sobre ella, aunque las estrellas que formaron parte de ella se mueven muy lentamente y en el sentido contrario al de la rotación de la Vía Láctea. Los investigadores han encontrado también indicios de otras fusiones ‘ocultas’, aunque es pronto aún para sacar conclusiones.

El paso siguiente, se explica en el artículo, será tratar de reconstruir una línea de tiempo de todas las colisiones y fusiones sufridas por nuestra galaxia. La mayor de las cuales, por cierto, está aún por llegar. Será contra nuestra enorme vecina Andrómeda y se producirá dentro de 4.500 millones de años. En ese encuentro, sin embargo, no habrá vencedores ni vencidos y ninguna de las dos galaxias se tragará a la otra. Al contrario, ambas se unirán en una única, enorme y nueva galaxia, que los astrónomos conocen ya como Lactomeda.

Fuente: José Manuel Nieves / ABC

Artículo de referencia: https://www.abc.es/ciencia/abci-lactea-devorado-menos-otras-6-galaxias-y-dejado-esparcidos-restos-todas-partes-202202230239_noticia.html#ancla_comentarios



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