Una vez que un paciente es infectado por el coronavirus SARS-COV-2, se produce una reacción en cadena del organismo para combatir el patógeno. Una respuesta inmune que en principio suele durar entre los 15 y los 21 días y que implica a diversas células y sistemas defensivos, que en medicina se conoce como ‘sistema inmunitario innato y adquirido’.

La primera barrera de defensa contra el patógeno lo forman un grupo muy variado de células y moléculas. Fagocitos, neutrófilos y monocitos se encargan de identificar y destruir las células infectadas, así como los macrófagos, unos ‘basureros’ cuyo cometido es el de eliminar cualquier cuerpo extraño del organismo, como pueden ser virus o bacterias, o bien células enfermas, como pueden ser las que han sido infectadas o las cancerosas. La acción conjunta de esa primera barrera de defensa es en ocasiones suficiente para aplacar el virus… pero a veces no basta.

Es entonces cuando se pone en marcha la segunda fase de la respuesta defensiva ante el coronavirus. Los macrófagos producen unas proteínas llamadas citoquinas, encargadas de generar un estado de ‘alerta generalizada’ en todo el organismo.

Estas moléculas, en concreto la interleuquina-6 (IL6), generan inflamación local y viajan por la sangre hasta otros órganos, como pueden ser el cerebro (que responde activando otro mecanismo de defensa: la fiebre), el hígado (que produce otra proteína, la C reactiva) o la médula ósea, que produce linfocitos (el sistema inmunitario adquirido). Todos ellos se encargarán de luchar conjuntamente para acabar con la amenaza del nuevo patógeno.

Tormenta de citoquinas contra el coronavirus

Pero en el devenir de la batalla, a veces el fuego amigo es peor que el enemigo. Es el caso de las citoquinas. El ‘exceso de celo’ de estas proteínas puede provocar un efecto adverso: una respuesta desproporcionada del organismo cuyas consecuencias pueden ser más devastadoras que el propio virus.

Y es que, además de linfocitos, la médula ósea produce más fagocitos, que a su vez producen más cantidad de citoquinas, que viajan por la sangre activando la producción de más fagocitos, que a su vez producen más citoquinas… provocando un círculo vicioso que puede desencadenar en una sobreinflamación conocida como “tormenta de citoquinas”, que puede llevar a pacientes a un agravamiento importante de la enfermedad, un colapso generalizado del el sistema inmune y a veces la muerte.

Posibles fármacos contra la inflación excesiva

Por este motivo, entre los distintos tratamientos eficaces para combatir el coronavirus SARS-CoV-2 -la única alternativa plausible para enfrentarse a la enfermedad antes de que llegue la vacuna- se encuentran algunos medicamentos enfocados exclusivamente a atajar la sobreproducción de citoquinas y lograr así aplacar esa respuesta inmunitaria excesiva con efectos letales para nuestro organismo.

En este contexto, existen ensayos clínicos para probar algunos fármacos que bloqueen directamente la proteína IL-6 o bien su receptor.

Entre los primeros se encuentra el Tocilizumab, una molécula administrada para pacientes de artritis reumatoide capaz de bloquear directamente esta clase de citoquinas. Entre los segundos encontramos en Sarilumab, un anticuerpo que provoca efectos parecidos.

Tomografías compturelizadas de los pulmones aplicadas a los pacientes antes (arriba)  y después de recibir tratamiento con Tocilizumab  (abajo). En todas las imágenes se aprecia una infiltración difusa que, según los científicos, fue “absorbida” después de recibir el tratamiento.

En todo el mundo se están realizando ensayos clínicos para determinar la eficacia de estos tratamientos. Entre ellos, algunos realizados en el Hospital Universitario Ramón y Cajal de Madrid o en el Hospital Clínico San Carlos, en el marco de un proyecto internacional promovido por la OMS para pacientes de coronavirus.

Resultados esperanzadores

Las noticias de los resultados de las primeras conclusiones de estas investigaciones son esperanzadoras. Prueba de ello son los resultados anunciados recientemente en la revista especializada Proceedings of the National Academy of Sciences of the United States of America, en la que un equipo de científicos chinos monitorizó la evolución de 20 pacientes en un estadio avanzado de la enfermedad a los que se les había administrado Tocilizumab.

A los 5 días de tratamiento, el 75% requirió de menos suministro de oxígeno, incluso uno de ellos se le pudo retirar la oxigenoterapia. Y lo más esperanzador, en 19 de los 20 pacientes seguidos (lo que significa el 90,5%) de los casos, las lesiones pulmonares producidas por el exceso de inflamación habían remitido.

Entre tanta tormenta, sea o no de citoquinas, una pequeña batalla ganada en el ámbito de la medicina puede significar un gran triunfo para miles de personas.

Fuente: Sergi Alcalde / National Geographic,

Artículo de referencia: https://www.nationalgeographic.com.es/ciencia/reaccion-sistema-inmunitario-contra-coronavirus-puede-ser-letal_15481,



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