Sergio Alonso, catedrático de Meteorología de la Universitat de las Illes Balears (UIB) e investigador del Instituto Mediterráneo de Estudios Avanzados (IMEDEA, CSIC-UIB), es uno de los expertos españoles en cambio climático más reconocidos. Miembro del Panel Intergubernamental del Cambio Climático de la ONU (IPCC, por sus siglas en inglés), este científico gallego ofreció ayer en Salamanca una conferencia y, antes, ha explicado que una de las investigaciones que en estos momentos ocupa su tiempo está relacionada con el impacto que el actual cambio climático tendrá en el turismo dentro de pocos años.
 
"Aunque el turismo no tiene una dependencia directa del clima, sí hay una importante relación que se puede estudiar", afirma Sergio Alonso. Si varía el tiempo de una zona por medio de cambios en las temperaturas o en las condiciones ambientales, la oferta que un turista puede encontrar también se modifica y todo indica que esto será consecuencia socioeconómica que sumar a todas las que tendrá el cambio climático. "En Mallorca tendremos menos días óptimos para el turismo potencial debido al exceso de calor, en cambio, tendremos más días aceptables porque aumentarán las temperaturas en invierno y en primavera", indica el especialista, que está pendiente de publicar los resultados de la investigación en revistas científicas internacionales.
 
A efectos prácticos desde el punto de vista de la hostelería, un sector fundamental en la economía balear en particular y española en general, todo indica que habrá "menos clientes en verano, pero más el resto del año". Una vez desarrollado el estudio en las Islas Baleares, los investigadores se proponen analizar qué ocurrirá en otras zonas turísticas que pueden verse afectadas por la modificación del clima en otros sentidos.
 
La base de todo ello son las hipótesis acerca de la evolución del cambio climático que sufre la Tierra en actualidad. Los científicos saben que la clave para que se produzca un cambio en el clima está en la composición atmosférica, en particular en nuestro tiempo, en la emisión de gases de efecto invernadero. "Conocemos la evolución de la composición atmosférica desde el pasado hasta el presente, pero no sabemos qué pasará en el futuro", reconoce el especialista.
 
En realidad, aclara Sergio Alonso, no se puede hablar de un "pronóstico" acerca de cómo será la evolución del clima, sino que "se plantean posibles escenarios y cada escenario corresponde con una hipótesis". Cada escenario depende en buena medida del comportamiento del ser humano de aquí en adelante, pero el panorama no parece demasiado optimista. "Si comparamos la situación actual con el abanico de posibilidades que se plantearon hace 10 años, estaríamos en el límite por arriba de los peores escenarios que se barajaban", apunta.
 
Siete grados más en polos
 
Hoy en día, los científicos prevén un aumento de hasta siete grados en los polos para finales del siglo XXI. Esta cifra se da como media, pero oscilaciones serían mucho mayores, y aunque en otras zonas del planeta el cambio no sería tan brusco, los efectos del cambio climático serían globales y más acusados en los continentes que en los océanos, según ha explicado el meteorólogo. En cualquier caso, cuanto más se avanza en el tiempo es más complicado realizar estas proyecciones con acierto, de manera que las proyecciones más seguras sólo se pueden hacer de aquí a dos décadas.
 
Sergio Alonso participa esta tarde en una conferencia organizada por la Asociación de Antiguos Estudiantes, Amigas y Amigos de la Universidad de Salamanca en el Edificio Histórico de la institución académica, charla que, precisamente, lleva por título "Qué se decía ayer y qué se puede decir hoy de los cambios de clima". Según explica, se trata de realizar un repaso histórico para "distinguir entre la época de las glaciaciones y el cambio climático actual", que se interpreta como "un cambio influido por la acción del hombre a través del famoso efecto invernadero". En este sentido, "la Ciencia ha podido explicar el clima que tiene la Tierra y el clima que tiene debido a la intervención del hombre, pero de cara al futuro tan sólo se puede hacer una proyección, no de un pronóstico", insiste.
 
En su opinión, "es crucial" que se tomen medidas para cambiar la situación. "La Tierra responde con inercia, aunque dejásemos de perturbarla ahora mismo, se moderarían las consecuencias, pero la acumulación que ha sufrido desde el inicio de la Revolución Industrial hace que los efectos se prolonguen".
 
Las medidas, en manos de los políticos 

Acerca de las medidas que es necesario tomar, "es saludable que se haga de forma individual, que cada uno pongamos nuestro granito de arena, pero hacen falta decisiones políticas internacionales", advierte. "Hay que actuar pronto y todos juntos, porque la diferencia económica entre actuar ahora y no hacerlo es muy grande", señala.
 
En este sentido, considera que las grandes cumbres sobre cambio climático han sido un fracaso, sobre todo las más recientes, en Copenhague (Dinamarca) y Cancún (México). "Kioto fue un acuerdo muy importante porque fue el primero, pero también fue un acuerdo débil", indica. "Hay que actuar de forma más rigurosa y esto, a medida que pasa el tiempo, es más difícil", aunque "la presión social también aumenta", señala. "La sociedad paga para que cada uno haga su trabajo, los científicos debemos observar aquello que observamos y los políticos deben actuar", agrega.



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