El polvo del desierto del Sáhara alimenta la selva amazónica. No es una figura poética, es el gran secreto de los desiertos: sirven para equilibrar el planeta.

Cada año, millones de toneladas de polvo en suspensión abandonan las zonas desérticas de África y viajan por todo el globo. 27 millones de esas toneladas llegan a la selva amazónica y no, no la cubren de arena, le dan de comer.

¿Cómo? El polvo está cargado de fósforo, una sustancia que permite el crecimiento y desarrollo de las plantas. En zonas tropicales, como en la Amazonía, los suelos están tan expuestos que los fertilizantes escasean y el polvo que les llega del Sahel es una fuente muy importante de sustento. La mejora de la calidad del suelo permite, además, contrarrestar los desprendimientos e inundaciones.

Pero el desierto esconde muchos secretos más: reduce la probabilidad de que se produzcan ciclones tropicales (al absorber el calor del aire que forman las tormentas) y también absorbe enormes cantidades de CO2, lo que le ha permitido postularse en ocasiones como mecanismo de ‘lucha’ contra el cambio climático.

Desiertos

El mayor de sus secretos es que están llenos de vida, son un punto caliente de biodiversidad. “Antílopes que sobreviven sin agua, plantas que se mantienen verdes sin lluvia, zorros cuyas orejas emiten calor… el desierto es la casa de miles de animales y plantas adaptados a vivir en una parte muy especial de nuestro planeta”.

Así los define el Fondo de Conservación del Sáhara, organización que vela por la preservación de sus ecosistemas y de más de 120 especies, en especial del antílope ADAX, en peligro crítico de extinción.

Y, además, el desierto es el hogar de millones de personas. Aunque tendemos a pensar lo contrario – e incluso su definición los considera “lugar en el que no hay gente”-, sus habitantes suponen la sexta parte de la población mundial.

Pueblos nómadas, como los tuaregs o los beduinos, o comunidades asentadas permanentemente tienen algo en común: dependen del agua. Por ello, las gentes del desierto se han establecido históricamente en las proximidades de los grandes lagos o ríos, como el Nilo, fuente de recursos, de vida.

Pero lo cierto es que los secretos del desierto y la vida que en ellos se esconde se descubrieron hace miles de años. Y ahora, la acción del hombre y el cambio climático han empezado a alterar sus ecosistemas.

Serigne Mbaye, refugiado climático, abandonó su hogar en Senegal hace más de una década. “Las estaciones se volvieron impredecibles y una gran sequía avanzaba imparable. Los terrenos en los que cultivábamos se volvieron yermos. Y al mar le pasaba lo mismo. Cada vez teníamos que recorrer más kilómetros para encontrar peces”, relataba en la revista Ethic.

Problema mucho mayor

Si esto ya ocurría hace diez años, ahora el problema es mucho mayor. Las sequías se han agudizado y con ello la pérdida de especies, el hambre y las migraciones climáticas. La ONU calcula que en el desierto se pierden 24.000 millones de toneladas de suelo fértil al año. Es importante proteger estos ecosistemas frente a la acción del hombre y frente al cambio climático.

Es importante conocer su potencial y saber que forman parte del equilibrio interno del planeta, que la tierra frondosa se alimenta de la tierra árida… y que esas dunas interminables bajo un sol de justicia esconden secretos que merece la pena observar, como pedía ‘El Principito’ de Saint Exupèry:

“Si algún día, viajando por África cruzan el desierto, si por casualidad pasan por allí, no se apresuren, se lo ruego, y deténganse un poco”.

Fuente: Cristina del Estal Espeso / Planeta Inteligente – EL MUNDO,

Artículo de referencia: http://www.planetainteligente.elmundo.es/eco/la-vida-secreta-de-los-desiertos,



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