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Se llaman magnetofósiles y son nanopartículas capaces de alinearse con el campo magnético de nuestro planeta. Ahora un equipo de geólogos de la Universidad de Utah ha conseguido estudiarlos con ayuda de una tecnología puntera. Su estudio permite conocer los cambios climáticos que ha sufrido el planeta hace millones de años.

La palabra magnetofósil puede traer a la mente alguna escena de los X-Men, pero son muy reales. Se trata de fósiles formados por unas bacterias denominadas ‘magnetotácticas’, unos microorganismos que contienen unos orgánulos denominados magnetosomas compuestos por cristales de mineral magnético y que pueden actuar como si de diminutas brújulas se tratasen, pues los usan para alinearse con el campo magnético de la Tierra viajar hacia lugares más proclives para su desarrollo.

Un equipo de investigadores de la Universidad de Utah ha partido del estudio restos fósiles de estas bacterias para obtener nueva información acerca del pasado climático de nuestro planeta.

Los científicos han encontrado la manera de recopilar esa información valiosa sin tener que triturar hasta convertir en polvo las escasas muestras halladas hasta la fecha, lo que hasta ahora la única manera de estudiarlos. Sus resultados han sido publicados recientemente en la revista especializada Proceedings of the National Academy of Sciences.



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