La mayoría de compromisos hechos contra el cambio climático son a medio y largo plazo. Sin embargo, las acciones para cambiar el modelo de producción y consumo debían haber empezado hace años.

«Estamos frente a una difícil situación: la cuestión ya no es si debemos, es que ya no podemos dejar de emprender sin dilación alguna las transformaciones radicales que necesitamos hoy o nos deberemos enfrentar a las consecuencias de un planeta radicalmente modificado por el actual cambio climático inducido de forma totalmente acelerada por la especie humana».

Son decisiones y actuaciones imperativas. La gran pregunta es, incluso en el caso de que adoptemos las transformaciones radicales necesarias: ¿Estamos a tiempo? ¿Debemos mantener la esperanza?

Para poder responder a ello hay que entender primero que el planeta Tierra es un sistema único totalmente integrado, que la atmósfera y los océanos no son dos cajas aisladas y separadas, sino todo lo contrario, que trabajan de forma totalmente integrada, que interactúan mutuamente junto a otros elementos del sistema climático, como es la biosfera, por ejemplo; es decir, que exige un pensamiento global e integrado.

Segundo, que los cambios climáticos responden a una dinámica temporal de tipo exponencial, es decir, que al principio los cambios son mínimos, sutiles, y que, a medida que el proceso avanza, se disparan de forma totalmente acelerada, con tasas de cambio crecientes, donde los esfuerzos de control en muchos de los casos no son suficientes para su moderación y corrección; lo que exige capacidad rápida de visión, decisión y actuación.

Cambio climático

El actual cambio climático ya está aquí, no es que vaya a venir. La realidad del problema está absolutamente comprobada y diagnosticada.

Existen múltiples evidencias científicas claras de que el hombre está forzando el sistema climático por encima de las variaciones naturales del clima. Y en concreto para España, dada nuestra situación geográfica, ello va a tener importantes consecuencias negativas. Sin olvidarnos que el problema es global. Que todos los esfuerzos son necesarios, por pequeños que sean.

Aunque las previsiones tienen incertidumbre, existe un total grado de coincidencia en las tendencias y sus direcciones.

Éstas indican que tenemos posibilidades reales de tener menor cantidad y distinta distribución de lluvias a lo largo del año, olas de calor más intensas y frecuentes, sequías, huracanes más fuertes, desaparición de glaciares y capas de hielo, un inevitable aumento del nivel del mar, y toda la destrucción de ecosistemas con la consiguiente pérdida de biodiversidad que esto conlleva; que serán solo algunas de las consecuencias de no actuar a tiempo.

La situación en la zona Ártica, con su amplificación, es uno de los factores de-sencadenantes más acuciantes. Sin olvidarnos de otro elemento crucial, con fuertes consecuencias sociales, como son las migraciones climáticas.

COP25

Río de Janeiro, Kioto, París, etc., hasta la COP25 de Madrid, desde el año 1992 a este año 2019, más de 25 años, más de una generación.

Seguimos hablando; escribiendo papeles, documentos, informes; firmando acuerdos; haciendo reu-niones, pero mientras tanto las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) continúan aumentando a pesar del Convenio Marco del Cambio Climático de las Naciones Unidas, del Protocolo de Kioto, del Acuerdo de París.

Lo cual implica reforzar la evidencia científica de que el calentamiento global y el cambio climático siguen acelerando su dinámica y además de una forma cada vez más acelerada. Ello nos debería llevar de una forma inmediata a aplicar el principio de precaución, a actuar para cortar estas emisiones.

La gran paradoja consiste en que por un lado se nos llena la boca hablando parabienes sobre el desarrollo sostenible, pero en realidad seguimos actuando sobre la base de un modelo económico basado en un desarrollo sostenido; es decir, de seguir creciendo y creciendo.

El gran problema para cambiar esta situación se centra en que las soluciones pasan por modificar el actual modelo de producción, de consumo y energético, y ello afecta de forma profunda a la base del sistema socio-económico. El mundo científico ya ha diagnosticado la magnitud del problema, las soluciones derivan de las decisiones y actuaciones políticas.

Combustibles fósiles

Aunque la mezcla de políticas y posibles medidas que se pueden tomar para alcanzar emisiones cero cambia según las condiciones del país, a nivel global la mayor cantidad de ellas vienen de los combustibles fósiles, y de un número reducido pero importante de países emisores que se están peleando por el liderazgo mundial (G-20).

También las emisiones que vienen del transporte, tanto el terrestre como el marítimo y el aéreo, son importantes, así como las emisiones por cambios de uso del suelo; además de las debidas al sistema agroalimentario. Todas las medidas que aborden estos sectores tienen la posibilidad de representar un paso determinante para lograr el objetivo de 1,5 ºC, máximo 2 ºC, planteado por el IPCC.

Umbral de temperatura para evitar efectos devastadores en nuestros sistemas de vida. Como ya se ha dicho repetidamente: «cada grado de calentamiento importa». Ello ha llevado a que finalmente las naciones del mundo vean la necesidad de tomar medidas para reducir las emisiones de carbono. La cuestión es: ¿si serán suficientes? ¿Si se efectuarán a tiempo?

¿Pero por qué hasta 2030 o 2050, y no ya? La gran mayoría de los compromisos –insuficientes– que se han hecho hasta ahora con respecto a la reducción de emisiones son, a medio y largo plazo, fijando metas para los años 2030 y 2050. Sin embargo, las acciones para lograrlo se deben empezar inmediatamente. Teníamos que haber empezado hace años.

Tenemos 30 años para cambiar enteramente la forma en cómo hacemos las cosas. No podemos estar esperando al 2030 y al 2050, ni mucho menos el 2100 para actuar cuando el incremento de temperatura sería entre 3 y 4 ºC. Si no actuamos hoy, no vamos a lograr el objetivo de atemperar la dinámica del actual cambio climático que estamos forzando por nuestro modelo de sociedad.

Emisiones

La emisión debe bajar un 7,6% anual entre el año 2020 y 2030, cuando en este momento estamos en tasas de crecimiento anual continuado del 2,7%.

La cantidad de GEI emitida en el año 2018 alcanza la cantidad de 55,3 Gt de CO2 equivalente al año, incluyendo las debidas a la deforestación y a los cambios en el uso del suelo. El esfuerzo a realizar representa reducir en un 25% (13 Gt de CO2equiv/año) y en un 55% (32 Gt de CO2equiv/año) para poder alcanzar los objetivos de 2 ºC y 1,5 ºC, respectivamente.

La humanidad se enfrenta por primera vez frente a un problema de crecimiento de complejidad global, que afecta directamente a todo el planeta y muy especialmente a la supervivencia de la actual civilización humana más que a la propia supervivencia del planeta. La incidencia de las actuaciones pasa por un conjunto de medidas de muy amplio y distinto alcance, tanto colectiva como individualmente.

En última instancia, esta transformación global, representa un mundo nuevo al que debemos adaptarnos, que conlleva costos de diferente tipología, pero también de enormes oportunidades. Luchar o adaptarse al actual cambio climático pasa por plantearse seriamente el actual modelo de nuestra sociedad, con otra estructura de funcionamiento y de relaciones.

A un paso del punto de no retorno del cambio climático

Pero los actuales políticos, que ya casi ninguno niega las evidencias, sí se niegan o resisten a llevar a término las decisiones y acciones necesarias a la dimensión planetaria del problema, a su dimensión social, económica y energética. Los intereses creados siguen pesando mucho. Pero mientras tanto, la emisión de gases continúa, y la modificación del clima sigue acelerándose.

Nunca se debe perder la esperanza ni el optimismo, pero el análisis de los datos y de la múltiple información disponible, nos lleva a pensar que estamos prácticamente en un punto de no retorno, y que los tiempos ya los hemos consumido, que ya estamos en tiempo de descuento. La ciencia ha efectuado de forma clara y meridiana el diagnóstico. La respuesta de actuación es política.

Si los países no aumentan sus compromisos más allá del Acuerdo de París, a través del aumento rotundo de reducción de las emisiones, a la actual humanidad le espera un panorama poco prometedor.

Muy probablemente ya estemos en una situación: «Too Little, Too Late», es decir TL2, como ya indicó James Lovelock en el año 2008. Cada vez hay más gente que piensa que hemos hecho tarde.

Fuente: José María Baldasano / La Razón,

Artículo de referencia: https://www.larazon.es/medio-ambiente/20191203/my4mgnpzqvcrzhdm47iudnfdxi.html,



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