El Ártico se está calentando entre dos y tres veces más rápido que la media del planeta como consecuencia de los efectos negativos del cambio climático. La ballena beluga es solo un ejemplo de los animales de esta región que ya notan tal impacto: hay evidencias de que sus poblaciones estarían buceando más a menudo y a más profundidad para alimentarse, explican desde la Fundación Oceanogràfic en una nota.

Para conocer si estos cetáceos podrán adaptarse o no a los posibles escenarios que depare la mejor o peor gestión del cambio climático por parte de los gobiernos, investigadores de la citada institución, radicada en Valencia, lideran en la actualidad un trabajo internacional que mide, por primera vez, la capacidad respiratoria de las belugas.

El grupo de expertos se ha basado en equipos de medida de función pulmonar en humanos para desarrollar un instrumento específico para las belugas. El denominado «neumotacógrafo cilíndrico» consiste en un sello de silicona quirúrgica que se coloca sobre el espiráculo de los ejemplares (orificio respiratorio de estos cetáceos).

Los animales fueron entrenados durante meses para respirar en este dispositivo siguiendo las indicaciones de sus cuidadores con el objetivo de medir el volumen y el flujo de gases inspirados y expirados.

Nueve belugas

Participaron en el trabajo nueve belugas: tres machos y seis hembras de entre ocho y más de 35 años de edad. Dos de ellas viven en el Oceanogràfic (Valencia), cinco en el centro SeaWorld de San Antonio, en Texas (EE.UU.) y dos en el Acuario de Vancouver (Canadá).

«En todo momento, los animales podían dejar de participar en las medidas simplemente alejándose. El hecho de que estos participen voluntariamente en la investigación reduce la posibilidad de que las medidas reflejen el comportamiento estresado del animal, en lugar del fisiológico», señala Andreas Fahlman, miembro de la Fundación Oceanogràfic y primer firmante del estudio.

Cuando decidían participar, cada beluga se situaba con su cabeza hacia el entrenador, que colocaba el neumotacómetro sobre el espiráculo. Después, sin ningún dispositivo que lo sujetara o mantuviera en posición, el animal alternaba su respiración normal con exhalaciones forzadas, que los investigadores denominan «chuffs», útiles para estimar la capacidad respiratoria máxima. Durante dos años han medido 1.884 respiraciones en total.

La interpretación de tales datos les ha permitido concluir que en cada respiración las belugas intercambian el 30% del volumen de aire presente en sus pulmones; un porcentaje entre dos y tres veces superior al habitual en humanos. Cada inspiración se dilata de la siguiente entre 10 y 15 segundos. Ahora, los investigadores trabajan en relacionar la respiración de estos cetáceos con su metabolismo.

«Las belugas podrían ser especialmente vulnerables a alteraciones del ecosistema, como una menor variedad de las presas o cambios en su distribución, debidas al cambio climático», asegura Fahlman.

Delphinapterus leucas

Las belugas (Delphinapterus leucas) son cetáceos dentados que viven en un mares helados. Son totalmente blancos, con un sistema de ecolocalización muy sensible con el que encuentran respiraderos en la placa de hielo.

Pueden bucear en apnea a más de 700 metros buscando peces, crustáceos y otros invertebrados. Su posición en la cadena trófica los convierte en «centinelas de la salud de todo el ecosistema» y, por tanto, en indicadores del impacto del cambio climático en la región ártica.

En estos momentos, el Ártico sufre un contexto de «deshielo acelerado»: las últimas medidas alertan de un 50% más de agua de deshielo desde la era preindustrial.

Fuente: ABC,

Artículo de referencia: https://www.abc.es/natural/cambioclimatico/abci-estudian-tolerancia-cambio-climatico-belugas-201902041252_noticia.html,