"El declive en la diversidad genética del oso de las cavernas (Ursus spelaeus) comenzó hace unos 50.000 años, mucho antes de lo que se había sugerido, en un momento que no coincide con grandes cambios climáticos, pero sí con los comienzos de la expansión humana", revela Aurora Grandal-D’Anglade, coautora del estudio e investigadora en el Instituto Universitario de Xeoloxía de la Universidad de Coruña.

Según la investigación, publicada en la revista Molecular Biology and Evolution, las dataciones radiométricas de los restos fósiles señalan que el oso de las cavernas dejó de ser abundante en los yacimientos de Centroeuropa hace unos 35.000 años. "Esto se achacó a la cada vez mayor expansión humana y por tanto, a la competencia por territorio y refugios entre humanos y osos", especifica la científica, quien lo asocia a la escasa representación de la caza del oso de las cavernas en el abundante registro fósil de esta especie.

Para llegar a estas afirmaciones, el equipo de científicos que lidera el Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva (Alemania) estudió secuencias de ADN mitocondrial en fósiles de oso de yacimientos europeos (Siberia, Ucrania, Centroeuropa, y la Península Ibérica, en concreto Galicia), y realizó un análisis bayesiano (de probabilidad estadística).

Los científicos también lo compararon con el oso pardo actual (Ursus arctos) y con muestras fósiles de este úrsido, y consiguieron explicar por qué unos se extinguieron y otros no. Para demostrarlo, el estudio abarcó 59 secuencias de oso de las cavernas y 40 de oso pardo con edades comprendidas entre 60.000 a 24.000 años para el oso de las cavernas, y entre 80.000 y la actualidad para el oso pardo.

Declive de las cuevas, extinción de los osos

El empobrecimiento de los ecosistemas durante el último máximo glaciar fue "el golpe de gracia para esta especie, ya en franco declive", apunta la autora. El oso pardo actual no sufrió la misma suerte, y perdura hasta hoy por una simple razón: los osos pardos no dependían tanto del hábitat en cuevas, que se fue degradando, y por ello no siguieron el mismo patrón que los osos de las cavernas.

"Para hibernar los osos pardos utilizan refugios menos específicos. De hecho no son numerosos los hallazgos de fósiles en yacimientos de cueva", manifiesta la investigadora gallega. La extinción definitiva de los osos de las cavernas coincide "a grandes rasgos" con el último enfriamiento climático del Pleistoceno (hace entre 25.000 y 18.000 años), que pudo producir la escasez de refugios y vegetación de la que se alimentaba.

El oso de las cavernas habitó en Europa durante el Pleistoceno superior y se extinguió definitivamente hace unos 24.000 años, aunque en algunas zonas, como el noroeste de la Península Ibérica, perduró algunos milenios más. Este úrsido era un animal grande, de unos 500 kg de media, y solía ser herbívoro. El oso hibernaba en la profundidad de las cuevas cársticas, donde con el paso del tiempo se acumularon restos de individuos muertos durante la hibernación.



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