Representantes de 15 gobiernos y la UE se reúnen a partir de mañana en Trondheim (Noruega) para abordar la protección de especies y hábitats marinos amenazados del Atlántico Nordeste, en el marco del convenio OSPAR. Oceana pide que se amplíe con urgencia la lista de especies amenazadas y en declive, que lleva sin actualizarse desde 2008 y deja fuera al 79% de las especies de peces que están amenazadas de extinción. Oceana solicita también la protección de hábitats en declive, como bosques de quelpos y comunidades de Haploops.
“OSPAR necesita revisar a fondo los ineficientes procedimientos que emplea para añadir a su lista biodiversidad amenazada y protegerla después. Pedimos a los gobiernos del Atlántico Nordeste que dejen de dar largas y adopten urgentemente un enfoque más sistemático que incluya en la lista todas las especies y hábitats reconocidos por la ciencia como amenazados. Al mismo tiempo, OSPAR debe emprender acciones reales para asegurar que las especies y hábitats amenazados sean protegidos después de entrar en dicha lista”, afirma Lasse Gustavsson, director ejecutivo de Oceana en Europa.
La ‘Lista de especies y hábitats amenazados o en declive’ se adoptó en 2003 y constituye la principal herramienta para identificar medidas de conservación prioritarias en el Atlántico Nordeste. Sin embargo, no se ha añadido nada a ella desde 2008, a pesar de las cada vez mayores evidencias científicas de que la biodiversidad marina se está degradando rápidamente por las crecientes actividades humanas y el cambio climático.
Frente a la Lista Roja de Peces Marinos de Europa de la UICN, que enumera 52 especies amenazadas presentes en el Atlántico Nordeste, OSPAR solo se compromete a protege 11 (el 21%). Por ejemplo, OSPAR ignora seis especies recogidas como En Peligro Crítico, el grado más cercano a la extinción, entre las que se encuentran el solrayo (Odontaspis ferox), el pez obispo (Pteromulaeus bovinus) y la mantelina (Gymnura altavela). También deja de lado importantes hábitats marinos, como los bosques de quelpos, que representan uno de los ecosistemas más productivos del planeta y han sufrido un serio declive. Con un procedimiento sistemático y científico se evitaría omisiones tan preocupantes como esta.
“Se trata de la credibilidad de los gobiernos del Atlántico Nordeste. En 2011 se comprometieron a adoptar acciones de conservación específicas; no pueden pretender proteger el medio marino con un proceso tan ineficaz como el actual”, añade Gustavsson.   


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