Escudo de la Guayana

Investigadores del El Instituto de Ciencias de la Tierra Jaume Almera (ICTJA-CSIC) y de la Universidad de Barcelona han advertido de los efectos negativos que la actividad turística pueden tener en los ecosistemas del Escudo de la Guayana si no se toman medidas de protección urgentes.

Según el estudio, publicado en la revista Diversity and Distributions, la presencia de plantas invasoras y aguas contaminadas en la cima del tepuy Roraima son los primeros signos del impacto de la actividad humana en una zona que hasta ahora se había mantenido inalterada.

Las cimas de la montañas del Escudo de la Guayana eran hasta ahora uno de los pocos ambientes vírgenes que quedaban en el planeta. La forma de estas montañas, mesetas tabulares delimitadas por altos acantilados conocidas cómo tepuys, había favorecido el aislamiento de las comunidades naturales en su parte superior.

Tan aisladas están sus cimas, que el escritor Arthur Conan Doyle ambientó su novela El Mundo Perdido en el tepuy Roraima (compartido por Venezuela, Guyana y Brasil), uno de los pocos a los que aún se permite el acceso de los turistas. Estas mesetas son consideradas auténticos laboratorios naturales para estudiar el origen y la evolución de las biotas y ecosistemas neotropicales.

Pero estos biomas están ahora en peligro, amenazados por la cada vez más intensa actividad humana, sobretodo la derivada del turismo, según alertan los investigadores españoles.

El equipo propone una regulación específica ante lo que consideran las primeras señales del impacto de la acción del hombre sobre los ecosistemas de la cima del tepuy Roraima: la presencia de plantas invasoras y aguas contaminadas por bacterias fecales de origen humano.

Los autores recuerdan que en una investigación anterior ya identificaron hasta 13 plantas carácter exótico introducidas por el hombre en la parte superior del Roraima. Entre ellas, dos especies vegetales conocidas por su capacidad invasora: las gramíneas Polypogon elongatus y Poa annua.

Además, advierten que aunque hasta ahora las poblaciones de la Polypogon elongatus eran pequeñas y localizadas, ya empieza a mostrar patrones de comportamiento y crecimiento para ser considerada una planta invasora. Las semillas de estas especies pueden ser transportadas por el viento, el agua o los animales, así que el riesgo de colonizar otros tepuys es alto. Por ello, consideran que las consecuencias "podrían ser devastadoras para la flora y la vegetación de estas formaciones montañosas".



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