Es la única tortuga del mundo de la subespecie Geochelone nigra abingdonii, le conocen –porque es un macho– como Solitario Jorge y acaba de darle a los biólogos que trabajan en las islas Galápagos (Ecuador) la mayor de las alegrías desde que en 1993 fuera puesto en compañía de dos seductoras hembras de otra subespecie muy cercana, dos geochelone nigra becki.

Tras 15 años de preocupante desidia sexual, el ejemplar, de 105 años, el equivalente a un cuarentón humano, resulta ser un Don Juan. Los investigadores del parque nacional anunciaron ayer el descubrimiento de tres huevos que, sumados a los otros 13 hallados en los últimos días en la zona, empiezan a permitir soñar en una interesante familia numerosa para Solitario Jorge. Bautizado así en honor de un poco conocido en España cómico estadounidense, George Gobel, Solitario Jorge fue descubierto en la isla de Pinta por unos cazadores de cabras.

Sí, han leído bien. Cazadores de cabras. En las Galápagos, un conjunto de 14 islas mayores y más de 120 islotes minúsculos, nada es como en el resto del mundo, de modo que la introducción de cabras pronto se descubrió que era un monumental error si se pretendía conservar intacta la fauna y flora local. Nació así en Ecuador el oficio de cazador de cabras. Un equipo dio con Solitario Jorge en 1971. Poco se tardó en descubrir que era el último mohicano de su subespecie.

Con paciencia se le buscaron dos hembras. No tienen nombres apasionantes. Son 106 y 107. La primera, a la que corresponden los últimos huevos hallados, proviene de la isla Isabela y, para mayor felicidad de los científicos, tiene un caparazón muy similar al de Solitario Jorge. Porque esa es la cuestión. El propósito es, a largo plazo, obtener descendientes idénticos al macho, un empeño que, según advirtieron ayer los biólogos de la reserva natural, puede precisar "siglos de espera".

Huraño y peleón

Aunque esa sea la perspectiva, la excitación científica en las Galápagos estos días es mucha. Solitario Jorge llevaba 15 años agrediendo a sus compañeras y mostrándose huraño y territorialista, hasta el extremo de que literalmente había que darle de comer aparte, y, de repente, ahí están esos 16 huevos que urge cuidar.

¿Cómo? Pues, por lo pronto, los tres huevos de 106 fueron separados ayer en dos grupos. Dos fueron acondicionados a 29 grados y medio de temperatura para que sean hembras. El otro está a 28 grados. Si nada falla, será un macho. No es una ciencia exacta, pero la temperatura parece que determina el sexo. Una cuestión distinta es si serán fértiles. Hay que esperar más de cuatro meses para saber con fiabilidad que de un huevo saldrá, efectivamente, una tortuga. Por el momento, los científicos intuyen que 14 de los 16 huevos darán una alegría.



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