Llevaba un aparato con antena en la espalda, y vecinos y autoridades locales sospecharon en un primer momento que pudiera ser un animal destinado al espionaje. En realidad, era un ave equipada por ornitólogos franceses con un emisor satélite para estudiar sus movimientos. Un tipo de tecnología como la que utiliza SEO/BirdLife para el estudio de la avifauna y con la que, por ejemplo, varias ONGs han marcado 40 cigüeñas en España. Nada que ver, desde luego, con el espionaje internacional, sino con las ciencias naturales.
 
El responsable de la narración de este suceso ha sido Tony G. Gabriel, corresponsal de la agencia de noticias estadounidense AP en Egipto, y ha sido reproducida por grandes medios de comunicación de diversos países como ABCNews, el Huffington Post, el Daily Mail, la cadena NBC o el rotativo israelíHaaretz, que en una primera información explicaba que el pájaro era un cisne y no una cigüeña.
 
La protagonista en realidad es una cigüeña blanca que, según relata Tony G. Gabriel, fue avistada en la comarca de Qena, uno 450 kilómetros al sur de El Cairo. Egyptian authorities detain suspected spy bird, titula AP la crónica.

El pasado 30 de agosto, un vecino observó al ejemplar equipado con el aparato entre un grupo de cuatro cigüeñas que estaba cerca de su casa. Éste se las ingenió para atrapar al ave y la entregó a la policía local, que la puso a buen recaudo en el calabozo hasta que se averiguara de qué se trataba, relata el corresponsal de AP.
 
Al día siguiente, un equipo de veterinarios consultado por las autoridades determinó que el aparato se trataba de un emisor convencional para el seguimiento de aves y no era ni mucho menos una bomba ni un equipo de espionaje. De hecho, los veterinarios confirmaron que se trataba de un aparato instalado por ornitólogos franceses y que había dejado de funcionar hacía un tiempo. Con la intervención de los veterinarios, se puso fin al malentendido, que no pasa de ser una anécdota, pero sirve para explicar el ambiente de tensión que se vive en el país debido a las turbulencias políticas de los tiempos recientes, explica el corresponsal de AP: “Las teorías de la conspiración encuentran fácilmente una vía abierta en 2010 se habló de palomas que transportaban microfilms y en 2010 una serie de ataques de tiburón en la costa fueron atribuidos a un complot israelí”.

Para explicar el ambiente, señala el corresponsal de AP, basta con ver que en la prensa egipcia han aparecido declaraciones de la autoridad local de policía felicitando por “su patriotismo” al vecino que encontró sospechosa a la cigüeña y la atrapó. Lo ocurrido en Egipto sirve para también para explicar la dificultad que a veces supone el empleo de estas tecnologías de seguimiento de aves en determinadas áreas sometidas a tensiones y conflictos. En ciertos lugares hay que extremar las prevenciones ante el temor de las autoridades a que puedan tener un segundo uso “no deseado”, explica Juan Carlos del Moral, coordinador del Área de Seguimiento de Avifauna, de SEO/BirdLife.
 
Respecto a el origen real de la cigüeña, hubo un error inicial en su identificación por los veterinarios egipcios. El ejemplar es en realidad de origen húngaro y fue marcado con emisores satélite dentro de un proyecto de seguimiento que lleva a cabo la Hungarian Ornithological and Nature Conservation Society (MME) o BirdLife Hungary, según nos ha comunicado Gergő Halmos, responsable de la ONG magiar.



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