En el estudio, que se publicará en breve en Journal of Geophysical Research, se advierte de que la difuminación de esta brújula celeste podría mermar la aptitud evolutiva de distintas criaturas nocturnas como arañas, polillas, escarabajos y grillos, lo que a su vez podría desequilibrar las redes tróficas y afectar a ecosistemas completos.

Investigadores de la Universidad Libre de Berlín y del Instituto Leibniz de Ecología del Agua Dulce y la Pesca en Aguas Continentales (IGB, ambos en Alemania) afirman que los humanos no pueden percibir la brújula que supone el patrón de luz polarizada celeste. Tampoco se puede observar en zonas amplias.

“La visibilidad de la brújula celeste depende del grado de polarización de la luz procedente del cielo”, explicó el Dr. Christopher Kyba del Instituto de Ciencias del Espacio de la Universidad Libre. “En una zona natural de aire limpio, el grado de polarización de la luz del cielo se encuentra entre el 70% y el 80%, y en Berlín el aerosol lo reduce a cerca del 55%”.

Los autores utilizaron una cámara digital equipada con un filtro polarizador lineal capaz de medir la polarización de la luz del cielo durante la noche. Observaron que en el interior de la ciudad la contaminación lumínica la reducía aún más, hasta un 11%.

“Debido a que la luz viaja a mucha distancia en una atmósfera limpia, su efecto despolarizador se amplía a un amplio radio en torno a las ciudades”, afirmó el Dr. Kyba. “En una zona rural en las afueras de Berlín descubrimos que el grado de polarización tan sólo era del 30%, aunque el cielo se percibía completamente negro”.

Por otro lado, el Dr. Franz Hölker aclaró: “La brújula celeste originada por la luz de la luna se considera una señal de navegación importante para muchas especies. Se piensa que especies nocturnas de escarabajos, polillas, grillos y arañas se orientan gracias a esta brújula celeste. Nuestro estudio muestra que el efecto despolarizador del brillo en el cielo es una forma de contaminación a escala mundial”.

Aunque estos resultados pueden resultar alarmantes, también cabe señalar que son preliminares y probablemente subestimen el problema, según los investigadores. "Realizamos estas mediciones en noches absolutamente claras durante el invierno, en las que la luna se eleva más que en verano", aclaró el Dr. Kyba. “Es previsible que la brújula celeste se oscurezca aún más en las noches estivales típicas, en las que los insectos suelen mostrar más actividad. Además, la zona de Berlín y su extrarradio es de las más oscuras en comparación con otras ciudades de similar tamaño”.

Un descubrimiento sorprendente logrado en el estudio fue la polarización del propio brillo de la ciudad. “Esperábamos que el brillo del cielo en las noches sin luna apenas estuviera polarizado, pero descubrimos que en realidad presentaba un 9 % de polarización”, indicó el Dr. Kyba. “Nuestra hipótesis es que las calles canalizan la luz proyectada en dirección ascendente en forma de haces. De confirmarse, el brillo procedente del entramado cuadriculado de las ciudades norteamericanas podría incluso estar más polarizado aún”.

Aunque los investigadores no abordan la reducción de este fenómeno en su artículo, sí que afirman que es posible lograrlo sin oscurecer las calles. “Una buena parte, incluso la mayor parte, del brillo de las ciudades proyectado en un radio amplio está generado por luces que no apuntan al suelo”, aclaró el Dr. Kyba. “Los ayuntamientos que deseen reducir el brillo del cielo pueden elegir entre una amplia gama de farolas comerciales que dirigen un 0% de su luz hacia arriba”.



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