Piense en una bandada de aves cruzando el cielo, una de tantas que se ven habitualmente. Lo hacen en perfecta formación, trazando en ocasiones una cuña perfecta que consigue la mayor velocidad posible con el mínimo esfuerzo necesario. Pero, ¿quién decide qué ave va en cabeza soportando toda la fuerza del viento?

Un estudio científico ha tomado como ejemplo este tipo de vuelos en formación en las cigüeñas para intentar averiguar qué criterios se eligen para designar al líder del grupo y cuáles son las consecuencias para unas y otras, y ha encontrado tácticas de vuelo muy diferentes entre aquellos ejemplares que van a la cabeza, y en especial el primero de ellos, y los que van detrás.

No sólo los líderes de la bandada eran más eficientes que el resto a la hora de aprovechar los vientos térmicos, sino que también batían de forma más eficiente las alas y tendían a migrar más que las aves seguidoras. Esta circunstancia sugiere que las dinámicas sociales pueden desempeñar un papel también guiando las migraciones.

El estudio, publicado en la revista científica Science, ha sido liderado por la investigadora Andrea Flack. Para desarrollarlo se etiquetaron 27 cigüeñas blancas juveniles (Ciconia ciconia) con dispositivos de rastreo de alta resolución, y se monitorizaron sus movimientos a lo largo de cerca de 1.000 kilómetros durante los primeros cinco días de su viaje migratorio.

Aves

Según detalla la agencia internacional de ciencia EurekAlert, la actividad de batido de alas no se vio influida por características individuales, como el sexo, el tamaño corporal o las condiciones previas al emplume de cada individuo, sino por la posición que ocupaban dentro del grupo.

De esta manera, las que iban al final del grupo pasaban mucho más tiempo batiendo las alas y menos tiempo cabalgando vientos térmicos (vuelo térmico), con el consiguiente ahorro de energía. Comparadas con las líderes, gastaban mucha menos energía, posiblemente porque eran menos fuertes.

Estas aves situadas en la parte trasera de la bandada terminaban antes el vuelo térmico para evitar verse aisladas del resto, con una aparente reducción del potencial aprovechamiento total de las corrientes térmicas.

Además, durante el planeo las seguidoras volaban en posiciones más atrasadas y a altitudes cada vez más bajas en comparación con las líderes. Eso sí, independientemente de la tendencia de un ave a ser líder o seguidora, casi todas mostraban un vuelo en círculos más regular y tasas de ascenso más rápidas cuando volaban siguiendo a otras que al volar en cabeza, según EurekAlert.

Fuente: EurekAlert,



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