Se trata de la primera evaluación científica de las poblaciones mundiales de atún y marlín basada en los métodos recomendados por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN). Además, forma parte de la "Evaluación global de las especies marinas" (Global Marine Species Assessment), un estudio más amplio realizado a raíz de sospechas de que los métodos actuales para evaluar la situación de estas criaturas resultan insuficientes. Concretamente, muchos temen que dichos métodos no bastan para gestionar de manera sostenible las pesquerías multinacionales dedicadas a estos peces de gran valor y elevado precio.

En dicho estudio, especialistas en pesca de Barbados, Brasil, Canadá, Chile, Perú, España, Suiza, Tailandia y Estados Unidos recopilaron y analizaron información de una base de datos mundial elaborada a partir de publicaciones científicas e informes de pesca. A continuación analizaron los datos en función de los criterios establecidos en la Lista Roja de la UICN.

Cabe aclarar que los especialistas emplean dicha lista, para muchos un estándar mundial, para evaluar la situación en la que se encuentran las distintas especies. Las categorías de dicha lista incluyen Extinto (EX), Extinto en estado silvestre (EW), En peligro crítico (CR), En peligro (EN), Vulnerable (VU), Casi amenazada (NT) y Preocupación menor (LC).

Los investigadores informan que la evaluación de las poblaciones de atún y marlín suelen basarse en datos recabados por organizaciones regionales de ordenación pesquera (OROP), pero destacan la creciente inquietud por el procedimiento de estandarización e intercambio de los datos entre las OROP. Esta cuestión no ha hecho sino agravar la dificultad que acarrea la comprensión de la situación global de la población de cada especie ictiológica, máxime en el caso de los peces mencionados, repartidos por todo el planeta.

Según los cálculos realizados en este trabajo, 7 de las 61 especies estudiadas (el 11%) se encontraban amenazadas (vulnerables, en peligro o en peligro crítico), 4 especies (el 7%) estaban casi amenazadas, y 39 especies (el 64%) planteaban una preocupación menor. En relación a 11 especies (el 18%) la información era escasa y por ello se les asignó la categoría “Datos insuficientes” (DD).

Las siete especies consideradas amenazadas son: atún del sur, atún rojo del Atlántico, patudo, aguja azul, aguja blanca y caballa española.

La amenaza se debe principalmente a dos factores, según declaró uno de los autores e integrantes del equipo, el profesor John Graves del Instituto de Ciencia Marina de Virginia (Estados Unidos): el alto valor económico del atún, que motiva una fuerte presión pesquera; y su prolongada inmadurez sexual, que alarga el periodo de recuperación necesario tras ser sometido a sobrepesca.

Los investigadores opinan que la proporción de especies amenazadas de atún y marlín es superior a la de la mayoría de osteictios o peces óseos marinos. Las estadísticas son similares a las registradas en relación a otras especies de reproducción lenta y valor elevado como las de tiburón. Un estudio anterior encabezado por Jack Musick, profesor emérito de dicho instituto, reveló que entre el 17 % y el 33 % de las especies de tiburón y raya se encontraban amenazadas.

El profesor Graves y sus colaboradores opinan que el procedimiento más rápido para recuperar las poblaciones más diezmadas sería prohibir la extracción de estos peces hasta que sus poblaciones alcancen niveles normales y saludables.

Dada la dificultad de esto desde el punto de vista económico, y el riesgo de promover de ese modo la pesca ilegal, los investigadores consideran que es necesario implantar medidas de prevención rigurosas, entre ellas controlar el comercio internacional incluyendo estas especies en el Convenio sobre el comercio internacional de especies amenazadas de fauna y flora silvestres (CITES).

Consideran que las medidas aplicadas tendentes a vigilar y garantizar la recuperación de especies de atún, marlín y caballa empiezan a dar fruto.

En referencia a la Lista Roja de la UICN, que para muchos constituye un estándar mundial para la evaluación y la comparación de los riesgos de extinción de todos los seres vivos, los autores opinan que el planteamiento de “talla única” presenta una serie de inconvenientes, y más cuando se aplica a especies que se pescan mucho como el atún.

Aunque dichos inconvenientes no afectaron en demasía a los resultados de su estudio, el equipo afirma haber comunicado a la UICN las incongruencias existentes entre los métodos de la Lista Roja y los que se emplean habitualmente para evaluar y gestionar poblaciones de peces.

Los investigadores apuntan que la explotación rápida de una población hasta dejarla en cifras correspondientes a su rendimiento máximo sostenible (RMS), que los expertos calculan en entre el 40% y el 50% de las poblaciones vírgenes de atún, la situaría en la categoría de "vulnerable" según la Lista Roja de la UICN. Y, aseguran, tal estimación es radicalmente opuesta a la que haría el administrador de una pesquería: que es sostenible y está bien gestionada.



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