La despoblación rural y el abandono de las actividades silvícolas figuran entre las principales causas de deterioro de nuestra superficie forestal y de la pérdida de biodiversidad asociada a los bosques.

Por eso es tan importante impulsar el desarrollo local de las comarcas de montaña. Un desarrollo que debe ser sostenible, en armonía con el entorno, que permita la conservación del medio natural y promueva la economía circular.

Árbol de Navidad

Uno de los mejores ejemplos de economía circular vinculada con la conservación del medio natural es el cultivo y producción de árboles de Navidad. Una actividad silvícola perfectamente sostenible que supone una importante fuente de ingresos en amplias áreas rurales de Catalunya, Navarra o el País Vasco.

Jaume es un cultivador de árboles de Navidad en Sant Hilari Sacalm, municipio forestal de la comarca catalana de La Selva, junto al Parque Natural del Montseny. Su actividad silvícola es como cualquier otra, solo que en lugar de producir árboles para su aprovechamiento maderero, como ocurre con pinos, álamos o chopos, los cultiva para atender la demanda navideña.

“Nuestro producto es ecológico por naturaleza -nos dice- ya que el sector está regulado por una estricta normativa y sometido a un riguroso control que impide las malas prácticas hacia el medio ambiente”. Por eso es tan importante comprar árboles con el sello de producción controlada.

En nuestro país y durante estos días se van a vender más de tres millones de unidades, una cifra que pese a ser elevada representa en realidad menos de la mitad de la producción, pues la mayor parte de los pinos y abetos navideños que se cultivan en nuestro país se destinan a la exportación, principalmente a países como Francia, Reino Unido, Alemania o Italia, dónde nuestros árboles tienen una gran aceptación por su excelente calidad, pero también llegan a lugares tan lejanos como Japón o Jordania.

Cultivo legal

Hay que decir que, desde el punto de vista de la sostenibilidad, el cultivo legal de árboles de Navidad en plantaciones de cultivo es una práctica perfectamente adecuada, pues mientras los abetos o los pinos son bosque conforman el paisaje, actúan como sumidero de CO2 y fomentan la biodiversidad forestal. Además, cada hectárea de plantación produce diariamente el oxígeno que consumen cuarenta personas.

Por todo ello si está dudando entre un árbol artificial o uno natural de producción controlada, no le dé más vueltas: elija el natural, aunque esté cortado. También se cortan y cultivan las piñas que van a disfrutar de postre o las flores que adornan el salón.

No se empeñe en comprarlo vivo e intentar mantenerlo. El 90% de los árboles navideños no sobreviven. Por el contrario, si al pasar las fiestas se depositan en los puntos de recogida que se habilitan en las ciudades y pueblos, pueden convertirse en abono ecológico, en cobertura vegetal o incluso en biomasa para calefacción.

Los árboles de Navidad no son silvestres, no se arrancan del bosque. Se trata de plantaciones rotatorias donde cada vez que se corta un árbol se planta. Tan solo es otro tipo de cultivo, mucho más sostenible y ecológico, pues no requiere el uso de los plaguicidas y fertilizantes que se emplean en la agricultura intensiva, ni daña el suelo que ocupa o arrasa con la biodiversidad asociada, como ocurre con las plantaciones de eucaliptos.

Por todo ello, para favorecer la economía rural y promover la biodiversidad forestal, lo mejor es optar por el árbol natural.

Fuente: La Vanguardia / José Luis Gallego,

Artículo de referencia: https://www.lavanguardia.com/natural/ecogallego/20181210/453461245939/el-arbol-de-navidad-natural-o-de-plastico.html,