Banco de peces
Un banco de peces en el océano. /Ministerio de Medio Ambiente

Un equipo del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y la Universidad de Barcelona ha descubierto que los frentes oceánicos, originados al mezclarse aguas de diferente densidad, generan barreras que ni las larvas ni los peces adultos atraviesan, verdaderas fronteras que aíslan genéticamente las poblaciones.

El trabajo, realizado sobre siete especies de peces litorales del Mediterráneo, en los frentes oceánicos del Mar de Alborán y del norte de las Islas Baleares, ha revelado también que la mayoría de los peces adultos estudiados apenas se alejan 30 ó 40 kilómetros del lugar donde nacen. Los hallazgos, que publica esta semana la revista Proceedings de la Academia Nacional de Ciencias estadounidense (PNAS), son determinantes para la demarcación de áreas marinas protegidas.

El investigador del CSIC que ha coordinado el trabajo, Ciro Rico, afirma que “durante años se ha asumido que la dispersión de los organismos marinos operaba como un sistema abierto”, de forma que “la fase dispersiva de las especies, especialmente durante el periodo larvario”, permitía la colonización de amplias zonas de la costa. “Sin embargo, los resultados obtenidos en este estudio demuestran que la retención de las

larvas es importante”. Influye incluso en peces con una capacidad de dispersión elevada, las larvas son incapaces de atravesar frentes oceánicos.

Salmonetes y mojarras

El salmonete (Mullus surmuletus), la mojarra (Diplodus vulgaris), la oblada (Oblada melanura), o el salmonete real (Apogon imberbes los algunos de las especies de las costas del Mediterráneo.

Según la investigación, en el Mediterráneo occidental hoy dos frentes muy marcados debido a la entrada del agua atlántica por el estrecho de Gibraltar. Esta agua atlántica, menos densa, al juntarse con el agua mediterránea, más densa, genera un frente entre Almería y Orán y otro al norte de las islas Baleares. La magnitud de estos frentes es muy diferente, pero ambos son capaces de impedir que las larvas de los peces estudiados los atraviesen, lo que da lugar al aislamiento genético de sus poblaciones.



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