“Más claro el agua”, reza el dicho que utilizamos para expresar sencillez, precisión. Pero la verdad es que este líquido es muy complejo. Entender cómo se forma y cómo se comporta es básico para entender que sin el agua, no se hubiera desarrollado la vida. Los átomos de hidrógeno y oxígeno que componen esta molécula adoptan una forma de bumerán y eso provoca que el hielo sea menos denso que el agua líquida, por lo que cuando olvidamos una botella en el congelador aumenta su volumen y acaba rompiéndose.

Por ese mismo principio, al ocupar más volumen que el mismo peso de agua líquida, flota sobre el agua. En unas condiciones en que la forma sólida fuera más densa que la líquida (lo que pasa con la mayoría de moléculas), el hielo se iría al fondo del mar o de los lagos, donde la presión impediría el deshielo y cabría la posibilidad de que todo el planeta fuera un enorme cubo de hielo desde hace millones de años.

Que el agua es fundamental para cualquier ser vivo es algo que el hombre ha tenido claro desde la antigüedad. De hecho, nuestro cuerpo es agua en un 70% y necesitamos beber para reponer la que perdemos. Todos los asentamientos humanos se han realizado cerca de fuentes, necesaria para la supervivencia. Y como todo lo que es fundamental, se le ha dado un carácter mágico. No ha habido ninguna civilización que no tuviera deidades relacionadas con los ríos, los mares o las lluvias. Las religiones monoteístas no somos una excepción, solo hay que recordar a los obispos organizando rogativas y procesiones para acabar con la sequía. Pero no nos engañemos: el agua no es mágica. Darle más propiedades de las que realmente tiene es un error en el que incurrimos fácilmente.

Los homeópatas hablan de una inexistente memoria del agua. En muchos balnearios y centros termales se promocionan unos tratamientos de hidroterapia cuya efectividad no va más allá de la tranquilidad y la relajación que aportan. Cuando hay un mito, siempre hay alguien que saca dinero. Las tiendas están llenas de aparatos o botellas que ionizan, hidrogenan, alcalinizan o magnetizan el agua.

Ninguna de estas técnicas aporta ninguna ventaja medible, suponiendo que haga algo. En cambio, a veces le pueden cobrar 30 euros por una botella que le confiere al agua unas propiedades “energéticas”. Tenga en cuenta que la energía no se crea de la nada, por lo que por muchos símbolos y colores que lleve el recipiente, si no lleva enchufe o lugar donde colocar unas pilas, no le va a transferir ninguna energía. Sólo serviría para calentarla o enfriarla.

Luego están los filtros, también muy de moda. En general, depurar el agua puede servir para quitar el sabor a cloro, algo que también se consigue metiendo el líquido en una botella de vidrio sin tapón en la nevera. Instalarse un sistema de filtración en casa puede eliminar la dureza del agua (calcio y magnesio), aunque esto es más útil para su lavadora o su lavavajillas que para su salud. No tiene mucho sentido quitar el calcio y el magnesio del agua y luego tomar lácteos enriquecidos en calcio y suplementos de magnesio.

El caso más extremo de venta agresiva es una comprobación de filtros en los que para demostrar que el agua que sale del grifo es veneno meten un electrólito (sustancia con carga eléctrica) en la válvula y lo comparan con el agua filtrada. Entonces se vuelve de un color marrón asqueroso, lo que refuerza la idea del vendedor de que si no le compra el filtro usted se va a envenenar. Realmente lo que sucede es que se tiñe por descomposición del propio electrodo de hierro. Esa descomposición es mayor por ser más conductora. El agua filtrada realmente es destilada, muy mala conductora de la electricidad. Si alguna vez acude a una de estas sesiones de venta, o lo que es peor, se la tratan de hacer en casa, pruebe a echar una cucharada de sal en el agua filtrada y verá cómo se vuelve negra y el que le vende el aparato, rojo.